Chapter Text
Harvey Bullock lo notó incluso antes de llegar a su escritorio, a juzgar por el montón de oficiales dando vistazos ocasionales al espacio debajo del mismo.
Sus pasos se detuvieron justo enfrente, y tuvo cuidado de no derramar su café caliente; su mano libre encontró descanso sobre su propia cadera, arqueó la ceja, y la molestia no tardó en hacer una aparición especial por su rostro.
Edward Nygma estaba en el suelo, rodeado por una maraña de hojas arrugadas (que Harvey juraba haber organizado esa misma mañana), apuntes apresurados y fotografías impresas. Todo estaba esparcido como un rompecabezas incompleto: recortes de prensa, reportes forenses, mapas con líneas trazadas en tinta roja.
El informe de la visita a Oswald Cobblepot reposaba al centro, como si fuera el corazón de todo ese revoltijo.
"Ed, te quiero lejos de mis cosas."
Edward alzó la mirada de inmediato, con los ojos abiertos de par en par, secos, enrojecidos. Ojeras profundas, barba apenas visible, camisa arrugada. Era obvio que no había dormido bien en días.
"U-Uh, eh-, detective Bullock. ¿Cómo está su café?"
"Horrible." Murmuró, mirando la bebida insípida en su mano. "Ahora; vas a ponerte de pie, dejar todos esos papeles en mi escritorio tal y como los encontraste en primer lugar, y solo después podrás irte lejos de aquí, antes de que te rompa la cara con esta misma taza."
Lo vio mordisquear su labio inferior y apretar los papeles que tenía en las manos.
Bullock sintió algo retorcerse en su pecho, una punzada incómoda. No era culpa. No era lástima. Era esa sensación amarga que se te queda en el pecho cuando ves a alguien vulnerable frente a ti y no sabes que hacer.
La ignoró por su propio bien.
Edward se incorporó al fin, apoyándose con una mano en el escritorio.
"Dos chicas asesinadas." Dijo de golpe, sin titubear y mirándolo fijamente a los ojos. "Una era mi novia. Isabella. La otra… una madre de familia llamada Isabel."
Harvey sabía a donde se dirigía esto; no le gustó.
"Mi ex… mi ex solía llamar a Isabella “Isabel”, porque es un imbécil egocéntrico, narcisista y egoísta que no piensa en absolutamente nadie más que en sí mismo. Y cuando terminé con él y salí con la chica de mis sueños, se molestó mucho." Ed tomó el informe de Oswald en ambas manos y lo agitó con intensidad frente a la cara de Harvey. "Él trabaja para Salvatore Maroni. Está muy involucrado con criminales. No sé qué otra prueba necesita el GCPD para arrestar a Oswald Cobblepot de una vez, detective Bullock."
Harvey suspiró. Largo. Pesado. Porque necesitaba prepararse para una conversación que no quería tener.
"No hay huellas en ninguna de las escenas del crimen, Ed. Nada. Y su coartada fue confirmada por su madre en la segunda visita que hice."
Edward soltó una risa corta, sin humor.
"La coartada es falsa. Y lo sabe."
Bullock apretó la mandíbula. Claro que lo sabía.
"Debe de haber algo… lo que sea… una conexión, un error, una contradicción." Edward hablaba rápido, desesperado, como si su cerebro corriera más rápido que su boca, y tal vez si era el caso. "Algo que pueda inculparlo."
"Aunque existiera una foto de él matando a esas mujeres, Ed. tú mismo lo dijiste; está muy involucrado con cierto tipo de personas. Personas a las que no se puede perseguir, molestar o mencionar, a menos que quieras terminar en una zanja."
"Pero..."
"¿Qué pasa aquí?" La voz de Essen los interrumpió desde el pasillo.
Edward giró la cabeza hacia ella demasiado rápido. E inmediatamente aprovechó la oportunidad.
"Estoy completamente seguro de que Oswald Cobblepot es el culpable de la muerte de mi novia, Isabella." Dijo, directo. "Y el detective Bullock no está haciendo su trabajo, de ir a investigar y hacer preguntas."
Sarah frunció el ceño, incómoda, y miró a Bullock como si quisiera regañarlo. Harvey levantó las manos, cansado.
"No es tan simple; está involucrado con personas de las dos familias. Maroni y Falcone. No creo que les haga gracia que comience a meter mi nariz en sus asuntos."
Ed frunció el ceño. "¿Qué? Eso es mentira. No está involucrado con la familia Falcone."
Harvey se tensó y dejó la taza de café abandonada en su escritorio mientras se pasaba las manos por la cara. Él sí había visto el tatuaje en la muñeca de Cobblepot esa vez. Lo había notado de inmediato: un símbolo pequeño, discreto… y sabía lo que significaba.
Pero no quiso insistir en el tatuaje.
"¿No sería más fácil que Maroni se aburra de él y lo asesinen? Muchos de sus empleados no renuncian, solo salen en bolsas negras por la puerta trasera."
"¡Es tu maldito trabajo!" Gritó Edward por una vez, lo que hizo que gran parte de las personas cercanas se giraran a mirarlos con confusión y alerta. Sarah asintió un par de veces, colocando sus manos en los hombros de Ed, en un intento de calmarlo.
"El detective Bullock lo hará."
La amenaza quedó colgando en el aire. Luego ella se fue, como si ya hubiera resuelto el problema. Harvey se quedó callado unos segundos, y finalmente habló en un tono más bajo: "Si al final nada de esto resulta como quieres, no digas que no te lo advertí."
...
No pasó mucho tiempo antes de que Bullock terminara en el club de Fish Mooney.
El lugar olía a perfume caro, alcohol y cuero. Música baja, luces rojizas. Hombres armados cuidando cada rincón como si esperaran que el infierno entrara por la puerta principal.
Fish estaba sentada como una reina, con una copa en la mano y esa sonrisa suya que parecía un cuchillo.
"Harvey, querido…" Dijo con dulzura venenosa. "No me digas que vienes a arrestar a mi chico del paraguas."
Harvey no quería ni siquiera preguntar cómo sabía eso. Mucho menos, en qué momento Oswald Cobblepot había comenzado a trabajar abiertamente para Fish Mooney sin recibir mil disparos en la frente en primer lugar.
Al verlo cojear mientras caminaba de un lado a otro por el club, limpiando, arreglando, organizando, supo que Falcone al menos se había desquitado un poco.
Bullock avanzó un paso.
"Fish… linda. Puedes conseguirte a otro enclenque que haga el mismo trabajo. Uno que no esté cojeando por todas partes y que sea más rápido. Entrega al muchacho."
Fish soltó una risita, y a los pocos segundos su gesto se transformó en una mueca gélida y seria.
"Ay, Harvey… sabes que soy permisiva contigo. A veces te dejo castigar a mis hombres cuando se portan mal; te dejo hacerte el héroe, que te aplaudan en el trabajo..."
Sus ojos se afilaron.
"Pero Oswald se queda conmigo."
Bullock frunció el ceño.
"¿Por qué?" Preguntó, ya sabiendo la respuesta. Fish ladeó la cabeza como si la pregunta la divirtiera.
"Porque Oswald Cobblepot es un protegido de Víctor Zsasz."
Fish se inclinó hacia él, bajando la voz, disfrutando cada palabra mientras eran pronunciadas.
"Y por ende… de Don Falcone." Harvey ya se lo suponía. "Sabes lo mucho que el viejo adora a Víctor. Lo trata como su hijo, lo tiene consentido, y le deja quedarse con lo que quiere. ¿Y en este momento? Víctor quiere a ese enclenque cojo y pálido."
"Entiendo."
"Yo no. Ni siquiera es su tipo." Murmuró Fish, mirando a Oswald desde lo lejos. "Antes prefería mujeres. Voluptuosas. Supongo que los gustos cambian."
Harvey arrugó la nariz con cierto desagrado y asintió una vez más. Ya había entendido, con absoluta claridad, que no había nada que pudiera hacer.
No sin provocar una guerra.
...
Esa noche, cuando Harvey regresó al GCPD, Edward Nygma ya lo estaba esperando como si no se hubiera movido en horas.
Harvey se pasó una mano por el rostro.
"Lo intenté, pero no hay nada que se pueda hacer."
Edward lo miró como si hubiera escuchado la peor mentira del mundo.
"Eso es una mierda."
"Escucha, Edward. Seré directo contigo, ¿sí? Cobblepot es el protegido de cierto engendro, y también de Don Falcone en persona. No puedo decirte cómo ocurrió, pero lo que sí puedo decir es que si no quieres terminar con huecos de bala en ese bonito cerebro tuyo…"
Se inclinó un poco hacia él.
"Deja de indagar."
Edward lo observó largo rato. Después, sonrió.
Esa sonrisa familiar, amable, educada.
Solo que esta vez no había calidez en ella, sino de algo que hizo que Harvey se sintiera muy incomodo de repente.
"Está bien." Dijo con suavidad. "Gracias, detective Bullock. Usted es un gran amigo."
