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Odiar es solo otra forma de amar

Summary:

Oswald intentó convencerse de que era solo parte del carácter de Víctor.

Víctor Zsasz no era precisamente un hombre sano.

Simplemente no entiende porqué a Víctor le gusta que lo maltraten durante el sexo.

Tampoco entiende muy bien acerca de las relaciones; solo había tenido una en su vida, muy desastrosa. Sin embargo, sabía que quería a Víctor Zsasz como su pareja.

Notes:

Bien, este fanfic está pensado para contrarrestar un poco la otra historia; los capítulos saldrán el mismo día. Como aquella obra está más enfocada en Edward y sus delirios extraños, aquí quiero centrarme en la relación de este par. Revelar un poco más detalles de la intimidad de Oswald y Víctor. ¡A disfrutar!

Chapter 1: En el calor del momento

Chapter Text

Oswald ya lo sabía.

Víctor Zsasz era silencioso.

No era el tipo de hombre que gemía, ni mucho menos; no se deshacía ante palabras bonitas. No rogaba, no suplicaba, no pedía. Ni siquiera lloraba y menos se quejaba.

Realmente no recordaba haberlo escuchado quejarse alguna vez.

Apenas y soltaba jadeos o suspiros ocasionales. Siempre mirándolo a los ojos con una intensidad ardiente mientras Oswald se lo follaba duro, rápido y constante. El placer de Víctor era contenido, casi disciplinado. Como si se tratase de algún tipo de entrenamiento extraño al que se sometía cada vez que tenían sexo. Podía recordarlo siempre con un ceño fruncido, sudor por su frente y rostro acalorado.

Y en realidad a Oswald no le importaba en lo absoluto. Le daba igual. Sin embargo… a veces, Víctor decía cosas.

Cosas que no se esperaba.

Frases extrañas, espeluznantes o absurdas, cada vez que tenían sexo.

Oswald lo descubrió una noche en la ducha de la mansión.

El agua estaba tibia. El mármol resbaloso. La luz tenue y cálida. Víctor estaba detrás de él pegado a su espalda, respirando contra su cuello mientras se movía con suavidad y lentitud detrás de él, lo cual, de por sí, ya era sumamente extraño. Víctor Zsasz no era suave en lo absoluto. Siempre le mordía con esos dientes blancos afilados, o le dejaba moretones en las caderas cada vez que lo tomaba en sus enormes manos, o lo insultaba con pensamientos tardíos, a veces con apodos degradantes o frases vulgares.

Sin embargo, no iba a quejarse la primera vez que Víctor era amable con él en el sexo; soltó una risita cuando sintió la boca del hombre dándole besitos húmedos en el hombro, los cuales iban subiendo por su cuello y terminaban en su mandíbula.

"¿Qué estás haciendo?"

Víctor no respondió de inmediato. En realidad, nunca respondió a la pregunta inicial. Estaba ocupado llenándolo de besos y acariciando su piel húmeda y fría con la necesidad de un hombre enamorado. Sin embargo, no le impidió el soltar un comentario completamente fuera de lugar.

"Me gusta cómo te brilla el culo cuando se moja."

Oswald parpadeó un par de veces, incrédulo, antes de soltar una risa nerviosa, repentina, que se escapó de sus labios antes de darse cuenta. El ardor en su rostro solo podía significar una cosa: se estaba poniendo tan rojo como un maldito tomate.

"¿Perdón?" Trató de sonar ofendido, pero lo único que logró fue parecer avergonzado y nervioso. Nunca, absolutamente nunca, alguien le había dicho algo sobre su trasero. Y Dios mío. Qué vergüenza.

Víctor apretó un poco más sus manos en la cintura de Oswald, hasta doler, y lo besó en la nuca con una dulzura inesperada. "Me dan ganas de morderlo, ¿Puedo?"

Y como para confirmar lo que dijo, le propinó un empujón tosco, brusco y certero que lo hizo jadear de sorpresa, enterrando su erección lo más profundo que podía en el culo de Oswald.

"Bien, sí- sí, está bien." Balbuceó, asintiendo un par de veces, tan desesperado como necesitado. No hace falta decir que no estaba orgulloso de sí mismo. Sin embargo, siempre era débil ante Víctor.

La siguiente ocasión que fue así de débil, fue en la cama.

La habitación estaba oscura. Solo una lámpara pequeña iluminaba el contorno del cuerpo de Víctor: pálido, cubierto de cicatrices de todos tamaños. Delgado, pero fornido al mismo tiempo. Oswald estaba encima, con la respiración acelerada, dominando el ritmo y la intensidad.

Sus manos se deslizaron hacia el cuello de Víctor, no para apretar, sino para tener un punto de apoyo que no fuera su pierna mala. Víctor lo miraba desde abajo con esos ojos abiertos, tranquilos, demasiado tranquilos para alguien que debería estar perdiendo el control al tener a otro alguien montándolo.

"Si me mataras ahora, sería un final muy romántico y sexy."

Fue ese comentario lo que hizo que Oswald se quedara inmóvil, perplejo y divertido.

"Debes estar bromeando."

Pero Víctor seguía serio; sus manos subieron y acariciaron los muslos de Oswald con necesidad, apretándolos con hambre. El tirón de la polla de Víctor dentro de él fue lo que necesitó para saber que, de hecho, Víctor acababa de confesar tan casualmente un fetiche de asfixia.

¿Pero de qué se sorprendía? Habían conversado abiertamente sobre asesinar a alguien de esa manera hace ya bastante tiempo, y el hombre se había excitado en ese entonces. Ahora mismo no era la excepción.

"¿Quieres que te mate?, ¿Que te asfixie?" Solo necesitó apretar un poco los dedos y la respuesta fue inmediata. Las caderas de Víctor temblaron, el agarre en sus muslos se apretó, y sintió el pene en su interior empujar en pequeñas pulsaciones calientes. El resultado fue evidente:

Víctor se había corrido.

Por lo tanto, ni siquiera se sorprendió cuando llegó un tercer comentario de ese estilo, el cual apareció en un día donde estaban particularmente enojados el uno con el otro.

Habían discutido por un asunto de negocios. Por algo que Víctor había hecho sin avisar. Por una muerte innecesaria y torpe. Por sangre en lugares que Oswald no quería limpiar: la estación de policía.

La tensión los siguió hasta el despacho donde entraron entre gritos, dando pisotones y empujones el uno al otro.

Y luego, hasta el suelo.

La alfombra terminó siendo testigo.

Oswald, con el cabello desordenado y el rostro enrojecido, lo sujetó del mentón, obligándolo a mirarlo. Víctor estaba encima de él, contento con tener a Oswald contra la alfombra peluda del suelo.

"Te dije que no lo hicieras." Le gruñó, y la ira era evidente en su voz. "Sabes que no puedes matar policías como si fueran vagabundos o adictos al crack. ¡Luego no te los puedes quitar de encima!"

Víctor no apartó la mirada. En realidad, sus pupilas estaban dilatadas y lucía como un tiburón: a punto de morder.

"Lo hice igual."

"Eres un maldito imbécil, Víctor. Si pudiera, te apuñalaría y..."

"Dílo otra vez."

Dijo Víctor. Fue la primera vez que lo escuchó tan roto y necesitado. Tenía los ojos húmedos, el rostro rojo; respiraba con dificultad y temblaba encima de él, mientras empujaba sus caderas dentro de Oswald como un perro ansioso.

"¿Qué cosa?" Preguntó, confundido y distraído. La presión constante en su trasero no le permitía pensar con claridad.

Y Víctor lo repitió, sin vergüenza.

"Mi nombre suena tan bien cuando lo dices como si me odiaras."

Una risa incrédula brotó desde el fondo de su pecho sin poder evitarlo; su mente daba vueltas, y miraba a Víctor, entre sorprendido, ofendido y cachondo. No se podía creer el descaro de Víctor para pedir algo así, en un momento como ese.

"¿Quieres que te insulte?"

Víctor cerró los ojos un segundo y frotó su rostro en el pecho plano de Oswald. El calor emanaba de su piel pálida como una olla de vapor.

Decidió aceptar.

Oswald se incorporó sobre sus codos y soltó con tono venenoso: "Víctor."

Zsasz maldijo en voz baja y ahogó un sollozo en la piel del hombre. Oswald lo notó. Fue, tal vez, una de las primeras veces que lo escuchó siendo tan libertino con su lujuria y excitación.

Sin embargo, nada era peor que Víctor siendo sincero cuando Oswald estaba tan cansado.

Una noche, estaban acostados en la habitación de Oswald, el cual acomodaba las sábanas. Víctor ya estaba dándole la espalda, listo para dormir.

Había mucho silencio.

Pensó, naturalmente, que por fin podría descansar luego de un día tan pesado y estresante.

Entonces Víctor dijo, como si estuviera hablando de algo cotidiano: "He tenido la fantasía recurrente de que me uses mientras duermo."

Se quedó en blanco durante unos segundos.

Se erizó y se sentó en la cama inmediatamente después, mirando la espalda del hombre con irritación, cansancio... y un poco de excitación, para ser sincero.

"¿Qué acabas de decir?"

Y Víctor ya estaba bostezando.

"Buenas noches, Oswald."

Y se durmió. Como si no acabara de dejarlo completamente despierto. Hijo de puta.

Oswald se quedó mirando su nuca, con el corazón golpeándole las costillas. No sabía si aquello era una broma del mal gusto o una confesión.

Pero él lo tomó como una confesión.

Esperó que Víctor estuviera profundamente dormido antes de aventurarse. Sus manos acariciaron las caderas de Víctor y le dieron un apretón; siempre se sorprendía con lo suave que era su piel, a pesar de las pequeñas cicatrices que estaban regadas por doquier. Le gustaba tocarlo. Besarlo. Acariciarlo. Le gustaba oler su piel. Le gustaba ver el color enfermizo y pálido que siempre tenía, así como le gustaba ver la forma en que se volvía roja cuando lo embestía, o arañaba, o lo mordía.

Sin embargo, para respetar el deseo de Víctor, no haría ninguna de esas cosas. Probablemente serían suficientes para despertarlo.

En cambio, aprovechando la desnudez de ambos, se acarició a sí mismo suavemente hasta volverse duro, antes de deslizar su erección entre los muslos calientes de Víctor, follando el espacio cálido y ligeramente húmedo que allí se formaba.

Tuvo que reprimir sus ganas de gemir. A diferencia de Víctor, él si era muy ruidoso.