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Summary:

Donde Nico Paz está harto de no tener la atención de Valen Barco puesta en él, así que decide acudir a un tarotista papu gómez y sus consejos para nada éticos.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Nico Paz jamás se había sentido como una persona invisible. Sabía que era difícil pasar desapercibido, ya sea por su apariencia o por su inusual acento en un país como Argentina; del cual quería ser parte. Las personas se acercaban a él con facilidad, ya sea por curiosidad o simplemente en busca de una amistad que, siendo sinceros, jamás duraría demasiado. Aún así, había logrado fijarse en un grupo de amigos bastante unido que no se burlaba de su forma de hablar y que siempre estaban dispuestos a ayudarlo a entender todo del país que le abría los brazos, a pesar de todas las jodas amistosas entre ellos.

Sin embargo, había una persona importante que no solía participar en el plan “argentinizar al gallego”.

Valentin Barco, el chico de bonito pelo rojo que muchos consideran mufa, parecía empeñado en ignorarlo. Desde faltar a las juntadas donde Nico asistía hasta susurrar “gallego de mierda” cuando creía que no era capaz de escucharlo. Prefería pasar tiempo con el inglés que había sido transferido hace poco, un tal Jude Bellingham, que tomarse el tiempo para conocer a Nico.

No le dolía, no era esa su queja. Le molestaba ser ignorado, más bien, y era bien sabido que el gallego no dejaría pasar esa situación. Convertiría al pelirrojo en su amigo, en su mejor amigo si era posible, todo con tal de tener su atención. Julián, que era el más cercano al colo de todos, le decía a menudo que no tenía de qué preocuparse, que era así con todos los nuevos integrantes del grupo y que ya se le pasaría. Pero si había algo que caracterizaba a Nico era su falta de paciencia.

Esa mañana, después de quemarse toda la lengua con el mate que le había hecho probar el cuti, quiso invitarle a Valen una de las medialunas que había comprado especialmente para eso. Estaban calentitas, recién salidas del horno, esparciendo su aroma por todo el lugar como una invitación a las manos entrometidas de todos sus compañeros. Pero Nico solo tenía un objetivo. Un objetivo que, al parecer, odiaba las medialunas por la manera en la que lo rechazó.

─Perdón, gallego, soy intolerante a la lactosa ─se excusó con una sonrisa de boca cerrada.

─Ah, perdón, no sabía ─dijo Nico al instante, alejando la medialunas del espacio personal del colo como si fuera una especie de material radiactivo─. ¿Y unos mates no quie… querés?

No se perdió en el gesto burlón que adoptó el rostro del colorado al escuchar sus palabras, la manera en la que casi echa a perder todos los intentos de argentinizarlo que hacían.

─Gracias, pero ando medio sensible del estómago últimamente.

─Ah, no sabía. Si querés tengo un parace…

Antes de que pudiera seguir humillándose aún más en busca de la atención que claramente no querían darle, Lisandro apareció para salvarlo. Rodeó sus hombros con uno de sus brazos, tirándolo en un fuerte abrazo que terminaria de sacarle el aire.

─Scaloni dijo que necesitábamos uno más para jugar, ¿se suman?

No tuvo que decirlo dos veces para que ambos jóvenes salieran casi corriendo del salón, directo hacia el gimnasio donde seguramente se estaría llevando a cabo el entrenamiento para los bonaerense, torneo al cual el colegio se había anotado y que ayudaba a los chicos a perderse clases. Nico y Valen estaban de suplentes, pero no perdían la esperanza en poder llegar a jugar en caso de alguna lesión, así que saber que ahora podrían al menos tocar la pelota los llenaba de esperanza.

Esperanza que no tardó en morir tan pronto como llegaron al lugar y se dieron cuenta que Scaloni ya había conseguido un reemplazo.

─Perdón, chicos. Nico, el otro no vos, se les adelantó

Maldito sea Nico Gonzáles y las hormigas que tenía metidas en el orto. Puteaba también al profesor de educación física, Scaloni, y su evidente favoritismo hacía el otro Nico que mucho no hacía para alcanzar la victoria.

Como no tenían nada mejor que hacer y querían perderse la clase de filosofía a toda costa, ambos se quedaron sentados en el banco mirando como se desarrollaba el partido, con los gritos del profesor de fondo y Aimar, el asistente de Scaloni, sufriendo ante cada mal pase por parte del equipo.

─¿Qué tienen fierros en vez de piernas que no pueden patear? ─grito Pablo.

Nico soltó una risa divertida, en parte porque quería romper el silencio incómodo que se había creado entre ellos y también porque le había causado risa el tono de voz que usaba el asistente. Miró de reojo al colorado, quién mantenía el ceño fruncido mientras observaba con atención el partido enfrente de ellos. Solía ser de naturaleza extrovertida, pero no sabía iniciar una conversación con el colo sin parecer algún tipo de desesperado en busca de amigos; que en cierta parte era verdad, pero solo era así cuando se trataba del chico a su lado.

─Menos mal que no tenemos que bancarnos a la infumable de filosofía, ¿verdad? ─comenzó a decir Nico, recargando su espalda contra la pared.

Valen lo miró durante unos segundos que se sintieron eternos antes de decidir dar una respuesta decente: ─Si, supongo que bancarse a Scaloni gritando es mejor que escuchar dos horas seguidas de la teoría de Platón.

Nico estuvo a punto de seguir quejándose para alargar la conversación, pero Valen, al parecer, tenía muchas más cosas que decir.

─Igual no te quejes mucho que vos siempre te sacas buena nota.

─¿Buena nota? ─repitió como boludo─. Chacho, tampoco es así.

Sus mejillas adquirieron un leve tono carmesí cuando se dió cuenta que dejó salir una palabra de su país de origen. Para su suerte, Valen no dijo nada, simplemente le dedicó una sonrisa burlona antes de volver su vista al partido.

─Te pediría ayuda si no fuera tan vago. Me estoy llevando varias materias y mi vieja no está muy contenta.

─Te podría ayudar ─dijo Nico al instante, sonando como un desesperado.

─Na, no hace falta. No me puedo concentrar para estudiar, solo te haría perder el tiempo.

─¿Qué piensas estudiar cuando seas grande? ─soltó Nico con evidente curiosidad.

─Voy a ser futbolista ─respondió el colo con una sonrisa orgullosa.

Nico sabía que Valen tenía futuro. Después de todo, ya estaba a punto de jugar en primera división en nada más y nada menos que Boca, el club más importante de toda América; ese no era un logro común. Sin embargo, la idea de que estuviera restándole importancia al estudio era lo que le preocupaba.

─Pero tendrías que tener un plan de repuesto.

─Profesor de educación física ─respondió al instante, como si fuera algo que pensara con regularidad.

─Ah, querés ser como Scaloni.

─Sí, pero no tan así. Al menos yo no tendría favoritismo.

─Cállate que te escucha y nos manda al salón otra vez.

─¡Valentin! ─grito Scaloni desde la otra punta de la cancha, como si hubiera sido invocado.

─¿Sí, profesor? ─dijo Valen, levantándose con la ilusión de ser elegido para entrar

─Levántate y anda buscar a la prece, necesito hablar con ella.

El colo intentó no parecer demasiado decepcionado con las palabras del profesor, pero falló de forma notable y Nico fue el primero en notarlo. No pudo hacer mucho más que palmear su espalda antes de que se largara de allí, dejándolo solo y aburrido, lamentando el hecho de no poder conversar más. Pero tampoco podía quejarse, había logrado hablar con él e intercambiar más de dos palabras, por lo que era un avance abismal sin lugar a dudas.

Las cosas no hicieron más que mejorar cuando llegó a casa y, al prender su celular, lo primero que vio era la notificación de que Valentín lo había comenzado a seguir en Instagram. O mejor dicho, Valentín le había devuelto el follow en Instagram, porque Nico llevaba meses siguiéndolo, likeando y comentando sus fotos en busca de alguna interacción que jamás consiguió.

Finalmente hoy se le dió. Finalmente hoy se convertía en un seguido de Valentin Barco.

Su buen humor se mantuvo durante todo el día, ayudando con los quehaceres de la casa, mirando el celular de forma constante para ver si Valentín se dignaba a hablar en el grupo que tenían los amigos. Pero no apareció en toda la tarde, y presentía que aún no era el momento indicado para hablar por privado, así que no le mandó ningún mensaje.

Nico Paz era un cagón que no podía enfrentarse a su colorado enano malhumorado.

 

***

 

Las cosas no fueron tan diferentes al día siguiente.

Valentin, a pesar de dedicarle un pequeño buenos días a penas entró al aula, seguía ignorándolo. Prefería estar sentado en el regazo del inglés, Jude, a qué hablar con él, y eso era como una estaca en su corazón. No se comportaban como un par de amigos normales, eso lo podía deducir cualquiera con tan sólo mirarlos reír y esos toques que iban más allá de una simple amistad. Envidiaba a Bellingham, no le costaba admitirlo. Deseaba estar en su lugar, sabes por qué no le había costado acercarse al pelirrojo a pesar de que habían empezado con el pie izquierdo.

Porque sí, todos conocían la historia de cómo el inglés y el colorado se llevaban como el orto antes de ser amigos. Nadie sabía cómo empezó ni qué cambió, pero todo lo que vieron fue como, de un día para el otro, ambos eran uña y mugre. Jude era todo lo que Nico planeaba ser con Valen, pero era algo impresionante la manera en la que no se le daba.

El destino estaba en su contra.

Siseó de dolor cuando el agua caliente en su boca quemó más de lo que debería, alejando el mate al instante y dejándoselo a Enzo, quién ese día había decidido venir para no acumular faltas que lo terminarían de dejar libre. Pero estaba más ocupado mirando el pantalón ajustado de Julián que en tomar los apuntes necesarios para lograr aprobar la materia; cosa que tampoco importaba mucho porque Juli, su gran amigo con el cual se encerraba en los baños durante más tiempo del que era necesario, siempre le terminaba pasando todo.

─¿Valen no era intolerante a la lactosa? ─cuestionó Nico al ver como el colo engullía una medialunas casi a la mitad.

─Qué va a ser intolerante a la lactosa ese, rompe el récord de cuántos kilos de harina le entra a un humano cada día ─se burló Paulo, recibiendo un golpe en la cabeza de parte de Leandro, quien se dió cuenta de la expresión triste de Nico─. ¿Por qué lo decís?

─Es que ayer me dijo eso.

─Mentiroso salió el Ron Weasley ─bufo Cristian, que no estaba muy cutie el día de hoy.

─Hoy sale joda ─anunció Enzo de repente, cambiando completamente el tema de conversación.

Levantó su celular para hacerles ver una publicación que avisaba sobre una joda que se haría en el barrio, la entrada estaba medianamente barata y Enzo ya tenía dos aseguradas, por lo que se podía ver. Se miraron entre ellos, probablemente intentando acordarse si es que no tenían nada que hacer hoy.

─Yo me apunto ─dijo Lisandro, sacando su celular para comprar una entrada.

Menos mal estaban en hora libre, porque sino se podían ir despidiendo de sus celulares.

─Yo también ─asintió Cristian.

─Yo quiero.

─¡El gallego se suma! ─grito De Paul, apareciendo de la nada para desordenar el pelo de Nico.

─¿Y vos dónde andabas? ─cuestionó Enzo, frunciendo el ceño.

─Pollereando con la novia seguro ─respondió Lisandro antes de que Rodri tuviera la oportunidad de decir algo.

Tampoco es como si pudiera negarlo, de todas formas, todos sabían que estaba obsesionado con su novia, quién era de quinto año. A Nico le daba envidia en algunas ocasiones, él también quería tener la atención de una persona para él, lo cual hacía la situación con Valentín una tortura porque se tuvo que enganchar de quién justamente no le daba ni la hora por estar demasiado ocupado riéndose con el inglés de cuarta.

No esperaba la hora de que su intercambio terminará, quizás así finalmente podría acercarse al enano bostero como le gustaría.

Nico había descubierto que era bisexual desde una edad muy temprana, cuando acepto que besar a su mejor amigo de la infancia se sentía bien, por lo que no era una persona demasiado cagona; admitir lo que sentía era pan comido para él, y llegar a la verdadera razón detrás de querer que Valentín Barco al menos lo saludé en las mañanas tampoco fue demasiado difícil.

Encontrarle el sentido fue la verdadera odisea.

¿Por qué tener sentimientos por el chico que apenas le hablaba?, del cual tampoco sabía demasiado y apenas conocía gustos. No tenía mucho sentido, pero se dió cuenta que lo que sentía por Barco era fuerte. No lo amaba, obviamente no, pero le atraía. Le gustaba incluso se animaba a decir.

Por eso deseaba tanto ser él el que estaba debajo de Valentin, sentir su peso sobre sus piernas. Poder llegar a ser tan valiente como para colocar sus manos sobre la cintura del colorado, atraerlo hacia él para poder… bueno, se entendía su intención.

Negó con la cabeza fuertemente en un intento de alejar cualquier pensamientos que no correspondía a la situación, intentando concentrarse en la charla sobre qué llevar a la joda que estaban teniendo sus amigos.

Estaba emocionado. No era su primera vez saliendo, eso sería imposible teniendo como grupo de amigos a estos mala influencia, pero algo en su interior le decía que está noche le esperaba algo diferente; algo bueno después de tanto estrés. No podía decirlo con seguridad, pero permitió que la esperanza floreciera en su interior.

─Lástima que nos tengamos que bancar cuatro horas más en esta cárcel.

El timbre que indicaba el recreo resonó por todo el establecimiento. Los alumnos salieron corriendo desde sus salones para amontonarse en el kiosko de la escuela, con doña María teniendo que soportar los gritos sobre cuántos pebetes quería cada uno. Nico tenía su propio tupper con comida sana que su mamá se encargaba de dejarle cada mañana, a pesar de que él insistía en que no era necesario.

Se sentaron en sus sitios como de costumbre. Esos bancos que todo el mundo sabía estaba reservado para los egresados, una injusticia si lo pensaban bien, pero un estatus que habían esperado demasiado tiempo como para dejarlo pasar. Nico usualmente se sentaba en el costado derecho, con Lisandro a su lado y Enzo, quie jamás llegaba a ocupar un asiento, en frente. Esa era la rutina de todos los días. Pero hoy Valentín había decidido honrarlos con su presencia, ocupando el lugar que le correspondía a Lisandro y rozando su muslo con el del gallego.

─¿Cómodo? ─murmuró Lisandro entre dientes, quien tuvo que sentarse en el suelo al quedarse sin lugar.

─Mucho ─asintió el colorado, sin lucir arrepentido─. Escuché que hay joda está noche.

─¿Quién te lo dijo? ¿El inglés por el que nos abandonaste?

Nico contuvo una risa, sin querer admitir que Enzo había soltado las palabras que quedaron atascadas en el fondo de su garganta, ahogadas debido a la falta de confianza con Valen. El colorado bufo, chasqueando la lengua en un gesto que ya era costumbre; uno que hacía sin darse cuenta, pero que Nico había anotado en su memoria como un dato necesario.

─Déjenlo, loco. Jude es bueno si se dan el tiempo de conocerlo.

─Decir eso después de la trompada que te metió ─se burló Julián, con la boca llena de oreos.

─Pero se disculpó al menos.

─¿Vas a ir a la joda? ─interrumpió Nico, sin querer seguir escuchando nada de ese inglés.

Valen asintió, echándose hacía atrás y golpeando sin querer el muslo de Nico, quién no recibió ninguna disculpa por ese acto. Tragó saliva, golpeando su muslo con la punta de sus dedos en un intento de dispersar los nervios que lo invaden al estar tan cerca del colorado.

─¿Y vos vas a ir? ─preguntó Valen, mirando al rubio con esos ojos llenos de intensidad que rara vez demostraban emoción.

─Mira si no va a venir el gallego, pero qué caniche encerrado es ─se adelantó a decir el cuti, acompañado por un coro de risas tras sus palabras.

─¿Qué significa eso? ─cuestionó Nico con curiosidad.

─Nada. Vos solo decí que sí.

Y Nico tuvo que decir que sí a pesar de no entender nada.

 

***

 

La música le taladraba los oídos, la gente a su alrededor comenzaba a asfixiarlo y el alcohol ya nublaba cada sentido coherente de su parte. Le gustaba salir, sí, pero llegaba una hora en específico en la que todo se hacía demasiado.

A eso también tenía que agregarle el hecho de que todas sus ilusiones habían muerto esa noche. Valentin, aunque estaba con su grupo y se sentaba con ellos, no se despegaba de su círculo cerrado. Apenas habló con Nico, sus conversaciones no pasaron más allá de un simple saludo y una petición para darle un sorbo a su trago, así que cualquier esperanza de acercarse a él había muerto tan pronto como comenzó la noche.

─¡Voy a salir a tomar aire! ─grito hacía Julián, quién estaba muy ocupado intentando alejar la boca de Enzo de su cuello.

─¡Cuídate, no estés mucho tiempo! ─fue lo último que escuchó antes de perderse en la multitud.

Su mente en estado de ebriedad ignoraba el claro peligro que significaba estar en la calle a altas horas de la noche. Su estómago fue el único agradecido con la situación. La pareja que se besaba en un costado tuvo que huir con rapidez cuando Nico se apoyó sobre sus rodillas para soltar todo el contenido no deseado de su estómago. No era un mal bebedor, pero tampoco uno demasiado experimentado, así que esa situación era totalmente entendible.

Limpió su boca con la manga de su buzo, su vista nublada, su paso tambaleante y su mente sin poder congeniar ningún pensamiento más que aquel que llevaba días atormentando: Valentin Barco.

¿Por qué lo ignoraba tanto?

¿Por qué no parecía gustarle su presencia?

¿Por qué jamás respondía a sus comentarios en Instagram?

¿Por qué se tomaba el tiempo de conocer al inglés pero no a él?

Tantas preguntas sin respuesta que pronto serían respondidas.

Justo cuando estaba a punto de volver a la joda, con su estómago visiblemente mejor, algo en la lejanía llamó su atención. Era un cartel que brillaba de forma notoria, con la imagen de unas cartas del tarot obligándolo a caminar hacia este. En esos momentos, su mente no fue capaz de concebir el peligro, simplemente caminó hacia ese lugar que solo él parecía ser capaz de ver. Se sentía atraído, como si su cuerpo no le respondiera, como si se moviera por su propia cuenta.

─¡Bienvenido, rubio lindo! ─saludo el hombre que lo esperaba detrás de la carpa.

Nico parpadeó, sus ojos intentando acostumbrarse a la repentina luminosidad de la habitación; si es que podía llamarle así al lugar en el cual se encontraba. El hombre, que debía ser el supuesto brujo prestando sus servicios de forma nada sospechosa a las cuatro de la madrugada, vestía con una camiseta de argentina y jugaba con un mazo de cartas interesantes, todo sin despegar su mirada de Nico, la pobre víctima que seguro se llevaría una estafa.

─Decime “Papu Gomez” todo el mundo me dice así.

─Pues vaya apodo te han puesto ─murmuró Nico, su apodo original fluyendo en sus palabras sin poder contenerlo.

El Papu decidió ignorar las palabras del gallego, simplemente señalando con su mirada la silla en frente suyo.

─Lei tu energía desde allá, creo que necesitas una respuesta en estos momentos.

¿Qué respuesta se suponía que necesitaba?

Sin embargo, lejos de llevarle la contraria para huir del lugar, simplemente obedeció la orden. El hombre desconocido lo miró con una sonrisa sospechosa, acomodándose sobre la almohada en la cual estaba sentado y comenzando a remover las cartas en sus manos.

─¿Cuál es tu pregunta?

─¿Cuánto me va a costar esto?

─¿Cuál es tu pregunta? ─insistió el Papu.

Le daba risa llamarlo así en su mente, pero le parecía de mala educación reírse en su cara, así que se mantuvo serio en todo momento. Suspiró, volviendo a golpear sus muslos con sus dedos, su mente adormilada buscando la pregunta correcta con la cual ser estafado.

Y no fue demasiado difícil encontrarla.

─¿Valentin Barco me dedicará su atención en algún momento?

─Qué interesante pregunta ─terció el hombre, removiendo las cartas en sus manos en busca de la respuesta correcta.

A su mente no vino ninguna duda sobre él estudio, sobre su futuro, sobre qué pasaría con él, sobre sí estaba tomando las decisiones correctas o si necesitaba darle otro rumbo a su vida. Parecía estar siendo consumidor por el fantasma de Valentín. El colorado que tenía una medalla por ignorarlo, más bien.

El Papu esparció las cartas sobre la mesa, teniendo que colocar su bola de cristal en el piso para tener más espacio. No sabía qué deducir debido a sus expresiones, y entendía entre poco o nada cualquier cosa que estuviera involucrada con él tarot, así que lo único que podía hacer era esperar pacientemente.

─Mira, dándole una lectura general a esto, puedo decir que este pibe muy interesado en vos no está.

─Volve a barajar, dale ─murmuró Nico entre dientes con una bronca que solo podía ser culpa del alcohol.

El hombre alzó los brazos en señal de paz, algo divertido por la reacción del más joven.

─Puedo hacerlo cuántas veces quieras, pero eso no va a cambiar el resultado ─siguió diciendo─. Por un lado, te veo a vos en un dilema. Parece que no sos capaz de entenderte a vos mismo. Estás buscando algo, pero no sabes la manera de conseguirlo. No te animas, diría yo.

Apretó sus labios para no saltar a quejarse.

─Por otro lado, está está persona…

─Valen ─recordó.

─Sí, bueno, como se llame ─murmuró Alejandro, no muy contento con las interrupciones─. No se le ve muy interesado en esta dinámica. Su atención parece recaer en otro objetivo, y despegarlo de esto no va a ser cosa fácil.

El hombre parecía querer seguir hablando, pero algo en la expresión de Nico lo obligó a detenerse. Por unos segundos, todo se mantuvo en un silencio demasiado incómodo considerando que el Papu no hacía nada más que escanear al rubio con la mirada.

─Mira, te veo tan desesperado que me diste un poco de pena ─confesó finalmente─. Así que te quiero mostrar algo. Es un nuevo producto que estoy creando, ni siquiera está completamente terminado, pero de algo va a servir.

Se levantó de su sitio, comenzando a rebuscar algo entre el quilombo que tenía acumulado en una esquina. Nico tenía miedo de lo que fuera a salir de ese lugar, pero no le quedaba de otra que esperar. Los minutos se sintieron eternos, estaba a punto de pararse para ayudar con la búsqueda hasta que el hombre se dirigió hacia él con una caja pequeña en su mano.

─Solo se puede usar una vez. Solo un deseo ─advirtió─. Y después no quiero que vengas llorando de arrepentimiento.

─Claro. Entiendo ─asintió Nico de forma distraída, aceptando el regalo y mirándolo con atención.

─Bueno ahora andate que tengo que limpiar esto con la mala energía qué dejaste.

─¿Cuánto te debo entonces?

─Tómalo como un regalo de la casa ─dijo el hombre, con un brillo extraño en sus ojos─. Ni siquiera termine de hacer la lectura, y ese producto aún no está calificado; es solo una prueba.

Que suerte porque Nico se había olvidado la billetera con Julián, a quien se la había confiado para que no le robaran.

─Bueno, supongo que adiós entonces ─comenzó a decir de forma incómoda, despegando su mirada del pedazo de cartón que escondía algo importante en su interior─. Gracias por todo, Papu.

El hombre simplemente se despidió con un sentimiento de cabeza, sin poner resistencia cuando Nico se dió la vuelta para salir de la tienda que simulaba ser un local decente. Sus pies caminaban por sí solos, siguiendo el camino hacia la joda de memoria, sin molestarse en apartar la mirada del objeto que descansaba en sus manos.

“Solo un deseo”.

Eso era lo único que decía. La única advertencia.

Se detuvo en frente de la puerta, aún sin querer adentrarse en el quilombo que significaba estar adentro.

Jamás había creído en esas cosas espirituales, le parecían idioteces sin sentido que la gente usaba para lavarle el cerebro a otra, pero en ese momento estaba tan fuera de sí mismo que podía traicionar a sus ideales. Sin esperar un segundo más, sus dedos se movieron con rapidez para abrir la caja que cedió fácilmente ante su toque, revelando que en su interior se encontraba algún tipo de palo extraño de color rojo.

“Rompeme y tendrás tu deseo”.

Vaya, eso de las instituciones no se le daban muy bien al Papu.

¿Qué podía perder con intentarlo?

Supuso que su pedido tendría que ver con la respuesta que esperaba de aquella sesión de tarot, así que las palabras fluyeron de su boca con facilidad:

─Deseo que Valentín Barco me preste atención solo a mi.

El sonido del palo quebrándose a la mitad fue lo que terminó de sellar su deseo.

Notes:

Me obsesioné tanto con este shipp que no pude evitar hacerle un fanfic, aprovechando también que soy una argentina viviendo en españa intento hacer los diálogos de nico lo más acertado posible, perdón si me la mande en alguna