Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2026-07-01
Words:
4,848
Chapters:
1/1
Comments:
24
Kudos:
280
Bookmarks:
29
Hits:
2,712

Jealousy |Brimiga OS |

Summary:

Tras la entrega del dorsal número 14 para la disputa del mundia, Armando dejado llevar por las emociones abraza a Javier el Chicharito Hernandez, todos en la sala estan conmovidos por aquel momento tierno entre ambos.
Todos menos Brian, el novio de Armando, que pesé a que esta seguro de su relación con Armando no puede evitar sentir como la sangre le hierve por los celos.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

El salón de la Federación era un caos de flashes, risas y trajes elegantes, pero para Brian, el mundo se había reducido a un solo punto.

 

Armando estaba en el centro del escenario, se veía jodidamente hermoso con el uniforme de gala, aunque ahora mismo lo que menos importaba era la ropa, porque Javier "El Chicharito" Hernández estaba frente a él, sosteniendo la camiseta verde entre las manos, Brian vio perfectamente el momento en que Javier le habló con una sonrisa sincera, dándole una palmada en el hombro antes de entregarle el dorsal, el número que Javier había llevado en la espalda durante años, el de las leyendas, ahora era de Armando.

 

Brian sintió un golpe de orgullo en el pecho que casi le saca el aire, joder, ese era su novio, su Armando, el chico que se partía el alma en cada entrenamiento, que entregaba el corazón en cada partido y que se lo tenía más que merecido por sobre todo el mundo, más sabiendo la admiración que le tenía a Javier, sabe perfectamente lo que significa aquello para su novio.

 

Pero entonces, Armando, con los ojos completamente cristalizados y desbordado por la emoción del momento, dejó la camiseta de lado y se lanzó a los brazos de Hernández, fue un abrazo largo, apretado, de esos que nacen del agradecimiento más puro, Javier lo recibió gustoso, palmeándole la espalda y susurrándole palabras de aliento al oído mientras Armando escondía el rostro en su hombro por un segundo, asimilando el peso de lo que acababa de pasar.

 

Brian apretó los puños dentro de los bolsillos de su pantalón, la mandíbula se le tensó al instante.

 

Sintió una punzada caliente y molesta justo en el centro del estómago, sabía que era una pendejada, sabía perfectamente que era el Chicharito, una jodida institución, un momento histórico para la carrera de Armando, y que no había una sola pizca de doble intención ahí, Brian no era un estúpido, no iba a pararse a armar un drama de celos en medio de la presentación oficial del Mundial, ni mucho menos iba a arruinarle la noche más importante de su vida al hombre que amaba, se tragó el impulso de caminar hacia el escenario y apartar a cualquiera que tocara a Armando.

 

Se quedó ahí, parado en una esquina oscura del salón, observando todo en absoluto silencio, sus ojos verdes fijos en la forma en que las manos de Javier habían tocado la espalda de Armando, y en cómo Armando sonreía con las mejillas encendidas.

«Es tuyo, Brian, él es tuyo y está cumpliendo su sueño», se repitió mentalmente como un mantra, intentando enfriar la sangre que le hervía.

Cuando Armando bajó del escenario, rodeado de compañeros que lo felicitaban, buscó de inmediato una mirada en específico entre la multitud, cruzó el salón con los ojos fijos en Brian, llevaba la camiseta del dorsal histórico apretada contra el pecho y una sonrisa que habría derretido a cualquiera.

 

—¡Brian! ¿Viste eso? Juro que pensé que me iba a desmayar ahí arriba —exclamó Armando en cuanto llegó a su lado, con la voz todavía un poco rota por la emoción.

 

Brian forzó una sonrisa, aunque sus ojos seguían brillando con una intensidad pesada, casi posesiva, le pasó una mano por la nuca, atrayéndolo hacia él, pero sin besarlo como realmente quería hacerlo frente a todos.

 

—Lo vi, mi amor, te lo mereces más que nadie —dijo Brian, con la voz un poco más baja y rasposa de lo normal, sus dedos se enterraron con firmeza en la cintura de Armando, pegándolo a su costado— Vámonos a la casa ya, ¿no? Siento que necesitas descansar... y yo necesito tenerte un ratito para mí solo.

 

Armando, que conocía cada maldito gesto de su novio, notó el agarre firme en su cadera y la tensión en sus hombros, una chispa de comprensión y de algo mucho más cálido cruzó por sus ojos.

 

—Sí —susurró Armando, mirándolo directo a los labios— Vámonos ya.

 

El sonido metálico de las llaves cayendo sobre el tazón de la entrada resonó con una fuerza casi violenta en el silencioso departamento, el viaje había sido extraño, aunque Armando por lo general era el que parloteaba sin parar y Brian se limitaba a escucharlo, esta vez había sido diferente, tal vez era algo en la postura rígida de Brian o la mano que se posaba en su rodilla con desesperación, pero Armando sentía como Brian no le estaba diciendo algo.

 

Armando entró primero, dejando con cuidado la camiseta con el dorsal histórico sobre el respaldo del sofá, como si temiera que el más mínimo roce pudiera estropear la tela o la magia del momento que acababa de vivir, se giró con una sonrisa flotando en los labios, listo para romper el hielo que se había venido congelando en el auto durante todo el trayecto de regreso.

 

Brian cerró la puerta a sus espaldas, pero no avanzó hacia él, se quedó de pie, estático, con las manos hundidas en los bolsillos de su pantalón de vestir y los hombros tensos bajo el saco, su mirada oscura, fija en el suelo, delataba la tormenta silenciosa que traía en la cabeza.

—¿No vas a decir nada, mi amor? —preguntó Armando con voz suave, dando un par de pasos hacia él, se desanudó la corbata del uniforme de gala con dedos perezosos, dejándola caer a un lado— Has estado mudo desde que salimos de la Federación, ni una palabra en el carro.

—Estoy cansado, es todo —mintió Brian, carraspeando. Intentó esquivarle la mirada, dando un paso lateral para ir hacia la cocina— Voy por agua.

 

Pero Armando fue más rápido, conociendo cada maldito mecanismo de defensa de su novio, se interpuso en su camino, plantándose justo enfrente de él, le puso las manos en el pecho, sintiendo el ritmo acelerado y pesado del corazón de Brian bajo la tela de la camisa.

 

—A mí no me vas a dar la vuelta, Brian —dijo Armando, entornando los ojos con una mezcla de diversión y una ternura abrumadora— Te conozco, traes la mandíbula tan apretada que siento que se te van a romper los dientes ¿Qué pasa, cielo?

Brian soltó un suspiro pesado, una exhalación frustrada que chocó contra el rostro de Armando, quería apartarse, no porque no lo quisiera cerca, sino porque se sentía estúpido, se sentía el ser más inmaduro del planeta por estar experimentando esa punzada molesta en el pecho en la noche más importante de la carrera de su novio, esa noche no tendría que haber sido sobre sus celos extraños, sino sobre Armando, ese gran paso en su carrera, pero joder, no podía evitarlo, no cuando las mejillas de Armando habían estado tan sonrojadas cuando vio a Javier que casi se desarma ahí mismo.

 

—No pasa nada, Armando, es tu noche, no quiero arruinarla, estás en el Mundial, te dieron el número del Chicharito... estás cumpliendo tu sueño y yo estoy jodidamente orgulloso de ti, eso es lo único que importa.

 

—¿Pero...? —insistió Armando, dando un paso más, obligando a Brian a retroceder hasta que su espalda chocó contra la pared del pasillo, Armando aprovechó el espacio para acorralarlo, subiendo y bajando las manos de su pecho a su cuello — Hay un "pero" ahí atorado en tu garganta, suéltalo.

 

Brian se vio atrapado, no solo por la pared, sino por esos ojos claros que lo miraban con tanta paciencia, sin una pizca de reproche, la fachada de tipo rudo y desinteresado que solía usar con el mundo exterior se desmoronó por completo frente al único hombre que sabía exactamente cómo desarmarlo.

 

—Es una pendejada, ¿ya? —gruñó Brian, desviando los ojos hacia el techo mientras un ligero tinte rojizo le pintaba las mejillas— Me dio un puto coraje verte abrazar a Hernández así, sé que es el Chicharito, sé que no significa nada de esa manera, pero... carajo, Armando, te clavaste en su pecho, te tardaste un chingo en soltarlo y él te estaba agarrando de una forma que... no sé, se me subió la sangre a la cabeza, quería pararme ahí, quitarle las manos de encima y decirle a todo el jodido salón que el único que tiene derecho a abrazarte y a tenerte así soy yo.

 

Armando se quedó en silencio por un segundo, asimilando las palabras, ver a Brian —tan alto, tan imponente, con esa vibra de chico malo que nunca se le quitaba del todo— admitiendo sus celos con las orejas rojas y la voz rota de pura frustración posesiva, le removió algo muy profundo y cálido en el estómago.

 

Una sonrisa lenta y completamente enamorada se dibujó en el rostro de Armando.

 

—¿Te estás burlando de mí, cabrón? —reclamó Brian, frunciendo el ceño, intentando sonar molesto aunque la cercanía de Armando ya lo estaba debilitando.

—No me estoy burlando, mi amor —susurró Armando, acortando la distancia entre sus cuerpos hasta que no quedó aire entre los dos, alzó las manos, acunando el rostro de Brian con una delicadeza extrema, acariciando sus pómulos con los pulgares— Es solo que me vuela la cabeza lo tonto que eres a veces. ¿De verdad estabas celoso de Javier?

—Te abrazó mucho... —refunfuñó Brian, aunque sus manos, por puro instinto, ya habían salido de los bolsillos para apretar con firmeza la cintura de Armando, asegurándolo contra su cuerpo.

 

—Es un abrazo de respeto, Brian, de colega a colega, él me estaba heredando su historia —explicó Armando, bajando la voz a un tono increíblemente meloso, mirándolo directo a los ojos— Pero mi historia eres tú, el que se duerme conmigo todas las noches eres tú, el que me aguanta cuando no quiero entrenar, el que me venda los tobillos, el que me besa cuando celebró un gol... eres tú, yo no soy de la selección, ni del Chicharito, ni de los flashes, yo soy tuyo, Brian, todo completito. ¿Te queda claro o te lo tengo que demostrar?

Las palabras de Armando cayeron como un bálsamo espeso sobre la inseguridad y la posesividad de Brian, el enojo reprimido se transformó al instante en un deseo puro, denso y caliente.

Se le dilataron las pupilas a Brian, clavando la mirada en los labios de Armando, que estaban a milímetros de los suyos, el agarre en la cintura de Armando se volvió casi doloroso de lo firme que era, pegando sus pelvis en un contacto eléctrico.

—Demuéstramelo —pidió Brian, con la voz vuelta un hilo rasposo y grave, perdiendo por completo la paciencia— Demuéstramelo ya, porque si no te huelo y te tengo encima mío ahorita mismo, me voy a volver loco, mi amor.

Armando sonrió, levantándose de puntillas para alcanzar los labios de su novio, que en cuanto estuvieron juntos no tardó en devorarlo en un beso hambriento, sus labios uniéndose en un compás que solamente ellos conocían a la perfección, Armando completamente dócil se dejó besar por su novio, abrió la boca para que sus lenguas pudieran encontrarse de inmediato, sus dedos encontrando los mechones rebeldes de Brian en el camino, jalandolo para estar más cercas, Brian jadeó contra su boca.

Se separaron apenas unos centímetros de la boca del otro, un hilo de saliva apenas siendo testigo del beso hambriento que habían compartido.

— Hazme lo que quieras — susurró Armando con voz temblorosa — Ponme en tu cama y recuerda a quien pertenezco.

Brian apretó su agarre en la cintura de Armando, sintiendo como un fuego enorme se le prendía por dentro.

— Eres mío, Armando, completamente mío — gruñó Brian contra su oído, dejando un beso húmedo en la unión de su cuello y hombro, haciendo que Armando soltara un gemido bajito.

Brian no esperó más, despegó a Armando de la pared, pero no lo soltó, lo guió de espaldas hacia la habitación principal, sin romper el contacto de sus cuerpos ni por un segundo, Armando caminaba a ciegas, confiando plenamente en los pasos de Brian, con las manos enredadas en los hombros de su saco.

 

Cuando cruzaron el umbral del cuarto, la luz de la luna que entraba por la ventana alta era lo único que iluminaba el espacio, tiñendo las sábanas de un tono azulado, el contraste perfecto para el calor que ellos llevaban quemándoles las venas.

Brian se detuvo al pie de la cama, con una lentitud casi agónica, empezó a quitarle el saco del uniforme de gala a Armando, sus manos, habitualmente firmes y rudas, se movieron con una delicadeza extrema, deslizando la prenda por sus hombros y dejándola caer al suelo sin importar el valor de la tela, para que después, sus dedos subieron al cuello de la camisa blanca.

 

— Te veías demasiado bien allá arriba —comentó Brian en un susurro rasposo, desabotonando el primer ojal— Tan guapo, ese traje te quedaba deliciosamente bien, tanto que desde que salimos de aquí estaba esperando por regresar, para poder tenerte así, solo para mi.

—Solo para ti —insistió Armando, echando la cabeza hacia atrás cuando los dedos de Brian rozaron la piel de su garganta.

 

Armando extendió sus propias manos para ayudar, con dedos un poco torpes por la urgencia, comenzó a abrir los botones de la camisa de Brian, querían quitar las barreras, querían sentirse piel contra piel, la camisa de Brian quedó abierta, Armando deslizó las palmas de sus manos por el torso marcado de su novio, delineando los músculos de su abdomen con un suspiro de pura admiración, Brian era fuerte, imponente, y saber que toda esa fuerza se doblegaba únicamente por amor a él, le hacía acelerar el pulso.

 

Brian terminó con los botones de Armando y abrió la camisa de par en par, exponiendo el pecho del futbolista, se tomó un momento solo para mirarlo, la luz de la luna delineaba la silueta perfecta de Armando, el hombre que al día siguiente estaría en los titulares de todos los periódicos, pero que ahora mismo temblaba bajo su mirada.

 

—Estás tan hermoso, mi amor —susurró Brian con una ternura que le desbordaba del pecho.

 

Se inclinó y comenzó a bajar una línea de besos lentos, adorando cada centímetro de su piel, besó su clavícula, el centro de su pecho, y luego atrapó un pezón entre sus labios, lamiendo con suavidad, Armando ahogó un gemido, enredando los dedos en el cabello corto de Brian, arqueando el cuerpo hacia arriba por el puro instinto de buscar más de la tibia boca de Brian.

 

—Brian... por favor —pidió Armando en un hilo de voz, sintiendo las piernas débiles.

 

—Tranquilo, mi amor, no llevamos prisa, te voy a disfrutar completito de arriba a abajo —prometió Brian, subiendo de nuevo para besarlo con la boca abierta.

Armando recibió ese beso completamente entregado, dejándose llevar por el ritmo hambriento de su novio, su cuerpo vibraba de la mera anticipación, abrió las piernas para que su novio pudiera posarse entre ellas, Brian le chupo la lengua, haciendo que Armando gimiera contra su boca, acariciaba sus piernas de arriba abajo, deteniéndose solamente para apretar en lugares estratégicos que hacían a Armando temblar.

 

Con un movimiento fluido y seguro, Brian empujó suavemente a Armando por los hombros, haciéndolo caer de espaldas sobre el colchón, Armando se hundió en las sábanas, mirando hacia arriba cómo Brian se despojó por completo de su propia ropa, quedando imponente y desnudo ante él.

 

Brian se subió a la cama, colocándose entre las piernas de Armando, gateando lentamente hasta quedar encima de él, apoyando su peso en los antebrazos para no lastimarlo, pero asegurándose de que Armando sintiera toda su presencia, el calor que emanaba el cuerpo de Brian era abrumador.

—Mírame, Armando —ordenó Brian con voz suave, atrapando las manos de Armando y entrelazando sus dedos sobre la almohada, fijando sus manos contra el colchón en un agarre firme pero lleno de cuidado.

Armando lo miró, con las pupilas dilatadas y las mejillas encendidas de puro romance y deseo.

—Aquí estoy, mi amor, soy todo tuyo —respondió Armando, abriendo las piernas un poco más para recibirlo, completamente listo para lo que Brian quisiera hacer con él.

El calor en la habitación se volvió denso, casi palpable, Brian mantenía las manos de Armando atrapadas contra la almohada, saboreando por unos segundos la absoluta rendición que brillaba en esos ojos claros, Armando no solo se estaba dejando llevar, se estaba entregando con una confianza tan ciega que a Brian le dio un vuelco el corazón, la posesividad que le había quemado el pecho en el salón de la Federación se transformó en algo mucho más profundo, una necesidad imperiosa de adorar cada rincón del cuerpo de su novio, de marcarlo con amor y recordarle a quién le pertenecía cada uno de sus suspiros.

 

—Te voy a preparar bien, mi amor —susurró Brian, con la voz vuelta un hilo rasposo y grave contra los labios de Armando— Quiero que me sientas completito, pero no quiero que te duela nada, hoy voy a consentirte, hoy vas a ver las estrellas.

 

Armando asintió levemente, soltando un suspiro tembloroso cuando Brian liberó sus manos solo para deslizar las suyas por los costados de su torso, bajando con lentitud hasta sus muslos, Brian estiró el brazo hacia la mesa de noche, buscando a tientas el frasco de lubricante que ya conocían de memoria, el sonido del líquido espeso al salir entre sus dedos rompió el silencio de la habitación, cargando el aire de una expectativa ardiente.

 

Brian regresó su atención al cuerpo debajo del suyo, abrió un poco más las piernas de Armando, acomodándose de rodillas entre ellas, y vertió una cantidad generosa del gel templado directamente sobre la intimidad de su novio y en sus propios dedos, Armando se estremeció por el cambio de temperatura, encogiendo los dedos de los pies sobre las sábanas.

—Mírame, Armando, no me quites los ojos de encima —pidió Brian con suavidad, rozando la entrada de Armando con la yema de su dedo índice.

Armando obedeció, clavando su mirada brillante en la de Brian, el primer dedo entró con una lentitud agónica, abriéndose paso en su calidez, Armando soltó un jadeo agudo, arqueando la espalda de inmediato al sentir la invasión bendita de Brian.

—Eso es... relájate, mi vida — le susurró Brian, inclinándose para besarlo en la boca, amortiguando los sonidos que salían de su garganta, ell beso fue lento, húmedo, moviendo el dedo dentro de él en un ritmo constante, estirando las paredes internas con paciencia infinita.

Cuando sintió que Armando se ablandaba bajo su tacto, Brian sumó un segundo dedo, Armando ahogó un gemido contra sus labios, apretando los hombros de Brian con fuerza, con las uñas enterrándose apenas en su piel blanca, sus piernas abriéndose más ante el tacto de Brian, sintiéndose temblar completo con cada estocada de los dedos de Brian, el rubio curveo sus dedos apenas un poco tocando aquel punto dulce en su novio, Armando despegó su boca de la de Brian para gemir roncamente.

 

—Brian... Dios, se siente tan bien —susurró Armando con la voz rota, con las mejillas completamente encendidas.

—Y falta lo mejor, mi amor —respondió Brian con una sonrisa de pura devoción.

 

Añadió un tercer dedo, presionando con cuidado hacia arriba, buscando nuevamente ese punto interno que hacía que a Armando se le fuera el aire, cuando lo encontró, Armando soltó un gemido largo y desarmado, echando la cabeza hacia atrás, con los ojos entreabiertos y las pupilas completamente dilatadas. Brian se regocijó con el sonido, le encantaba saber exactamente cómo hacer temblar al hombre que el mundo entero veía como un titán inalcanzable en la cancha.

 

Brian se tomó unos minutos más, moviendo sus dedos con destreza, asegurándose de que Armando estuviera completamente lubricado, suave y estirado, listo para recibirlo sin ninguna prisa, la delicadeza en los movimientos de Brian era absoluta, no había un solo gesto rudo, solo una firmeza protectora que hacía que Armando se sintiera completamente seguro en su sumisión.

 

Sintió a Armando temblar, como movía sus caderas al compás de las estocadas de sus dedos, su miembro soltando líquido preseminal, estaba cerca, lo sabía porque lo conocía como la palma de su mano, se detuvo en seco sacando un jadeo de pura frustración de la garganta de Armando, las mejillas de Armando estaban completamente encendidas, sus ojos cristalizados por el placer abrumador que sintió y las piernas abiertas de par en par, totalmente expuesto y vulnerable ante su novio.

 

Brian tomó su propio miembro, que ya goteaba de deseo, y la alineó contra la entrada de Armando, volvió a entrelazar sus dedos con los de Armando, fijando sus manos contra el colchón una vez más, atrapándolo bajo su peso de la manera más dulce posible.

 

— Eres tan mío, Armando, solo mío de nadie más —sentenció Brian con la voz ronca, los ojos fijos en los de su novio.

 

—Solo tuyo, Brian... por favor, te necesito —suplicó Armando en un hilo de voz, subiendo las caderas por puro instinto.

 

Brian empujó con lentitud, la punta entró, encontrando una resistencia deliciosa y cálida, y Brian se detuvo un segundo para dejar que Armando se acostumbrara, empujó un poco más, hundiéndose centímetro a centímetro, saboreando la forma en que la estrechez de Armando lo envolvía y lo apretaba. Armando cerró los ojos con fuerza, soltando un gemido ahogado, sintiéndose completamente lleno, estirado al límite por la presencia imponente de Brian dentro de él.

 

—Abre los ojos, mi amor, mírame —pidió Brian, besándole las lágrimas de placer que se le escapaban por las esquinas de los ojos.

 

Con un último empuje firme y profundo, Brian se hundió hasta el fondo, uniendo sus pelvis en un golpe sordo y caliente, Armando soltó un grito ahogado, un gemido agudo que rebotó en las paredes de la habitación, mientras sus piernas se enredaban instintivamente alrededor de la cintura de Brian, buscando aferrarse a la única realidad que le importaba.

 

Brian se quedó inmóvil por unos segundos, enterrado por completo dentro de Armando, disfrutando del calor abrasador y de los espasmos con los que el cuerpo de su novio le daba la bienvenida, se inclinó para llenarle el rostro de besos suaves, en los párpados, en la punta de la nariz, en las mejillas, susurrándole palabras de amor al oído.

 

—Estás perfecto, mi vida, te sientes jodidamente delicioso, eres lo más precioso que tengo —le decía Brian con la voz rota por el esfuerzo, mientras empezaba a moverse de manera lenta y pesada.

 

El ritmo que Brian impuso no era rápido, era un vaivén profundo, constante, donde cada embestida sacaba un gemido quejumbroso y dulce de los labios de Armando, Brian lo sacudía con suavidad en la cama, haciendo que el roce de sus pieles sudadas creará un sonido húmedo que llenaba el cuarto, Armando se dejaba hacer, completamente sumiso al ritmo de Brian, moviendo la cabeza de un lado a otro sobre la almohada, perdido en un mar de sensaciones puras.

—Brian... más... ahí, justo ahí, mi amor —rogaba Armando, apretando los dedos entrelazados de ambos con desesperación cada vez que Brian presionaba el punto exacto dentro de él.

—¿Te gusta así, amor? ¿Te gusta sentirme todo completo dentro de ti? —preguntó Brian con un lenguaje sucio pero cargado de una ternura abrumadora, aumentando la profundidad de los golpes.

—Sí... me encanta... soy tuyo, Brian, todo tuyo —gimió Armando, entregado por completo, con la respiración totalmente rota.

 

Brian cambió el ángulo, levantando un poco más las piernas de Armando sobre su torso para entrar aún más profundo, la nueva posición hizo que Armando soltara un gemido que sonó casi como un llanto de placer, Brian aprovechó para bajar la cabeza hacia su cuello, dejando marcas rojas y húmedas, chupetones y mordiscos suaves en la piel de gala que horas antes todos habían admirado, quería que al día siguiente, cuando Armando se pusiera el uniforme, recordará perfectamente quién lo había hecho gemir de esa manera.

 

El calor insoportable los abrazó de manera desprevenida, Armando movía sus caderas al ritmo impuesto de su novio, sus dedos bien clavados en la espalda del otro, sintiendo como el placer le burbujeaba en el vientre bajo, Brian aceleró el ritmo un poco más, perdiendo la paciencia por la exquisitez del cuerpo de Armando apretándolo desde adentro, los gemidos de Armando se volvieron continuos, un coro agudo que alimentaba el ego y el amor de Brian.

 

—Me voy a venir, amor... me voy a venir ya dentro de ti —anunció Brian con un gruñido bajo, dando tres embestidas rápidas y profundas que hicieron que Armando se arqueara por completo, tocando las estrellas.

 

Armando no aguantó más, el placer acumulado y la estimulación de Brian lo llevaron al límite, sin necesidad de tocarse, solo por la intensidad del acto y la devoción de las palabras de Brian, Armando se vino sobre su propio vientre con un gemido largo y desgarrador, con las paredes internas apretando el miembro de Brian con una fuerza descomunal.

 

Ese apretón final fue el detonante para Brian, soltando un rugido ronco, se hundió lo más profundo que pudo dentro de Armando, derramando su calidez en su interior en varias oleadas espesas y calientes, llenándolo por completo mientras temblaba encima de él.

 

Se quedaron así por un largo momento, con los pechos subiendo y bajando con violencia, unidos por el punto más íntimo y con el sonido de sus respiraciones agitadas calmando la tormenta de la habitación.

 

El silencio regresó a la habitación de manera paulatina, arrastrado por el vaivén de dos respiraciones que buscaban recuperar el ritmo, Brian, manteniendo aún sus dedos entrelazados con los de Armando, dejó caer su peso a un costado con una lentitud llena de cuidado, saliendo de él con un suspiro largo y rasposo, Armando soltó un quejido bajito, un sonido casi imperceptible de añoranza por la pérdida del calor interno.

Brian no tardó ni un segundo en acortar la distancia, se acomodó de lado, pegando su torso desnudo a la espalda de Armando, y pasó un brazo pesado y firme por encima de su cintura, atrapándolo contra sí en un abrazo de oso, el contraste de sus pieles, todavía húmedas por el sudor, se sentía deliciosamente cálido bajo la brisa fresca que entraba por la ventana.

 

—Ven acá, mi vida —susurró Brian, pegando los labios a la nuca de Armando, dejando un beso suave justo encima de una de las marcas rojas que le había pintado en la piel.

Armando se relajó por completo, dejándose moldear por el cuerpo de Brian, estaba exhausto, con los músculos flojos y una sonrisa boba flotando en su rostro, llevó una de sus manos hacia atrás, buscando la de Brian sobre su vientre para volver a unir sus dedos, esta vez de una manera mucho más suave y pacífica.

 

—Me dejaste como trapo, cabrón —consiguió articular Armando en un hilo de voz, soltando una risita ronca que le vibró en el pecho.

 

—Te dejé como te mereces, para que se te quite lo de andar abrazando extraños —bromeó Brian, aunque el tono de su voz era pura miel, se inclinó un poco más para morderle el lóbulo de la oreja con cariño— Al chile, qué hermoso te ves así, todo colorado y bateado por mí.

Armando giró un poco la cabeza sobre la almohada para mirarlo de reojo, sus ojos seguían teniendo ese brillo tierno, desarmado por el amor.

 

—Te amo, Brian, en serio, no quiero que te sientas inseguro de nadie, mis ojos solo te ven a ti.

Brian sintió que el pecho se le inflaba, pero esta vez no de celos, sino de un orgullo tan grande que casi no le cabía en el cuerpo, se incorporó un poco sobre el codo, con el cabello rizado pegado sobre la frente por el sudor, miró a su novio desde arriba, con las mejillas encendidas aún, los labios rojizos por los besos compartidos y esos putos ojos que le encantaban que lo veían solo a él. Le apartó unos mechones de cabello sudado de la frente con una delicadeza que nadie fuera de esas cuatro paredes creería que el Brian poseía.

 

—Yo también te amo, Armando, un chingo—respondió, mirándolo con absoluta devoción— mañana vas a salir en la tele, en los periódicos y todo el mundo va a hablar de ti y de tu nuevo dorsal, pero esta noche... esta noche fuiste mío y de nadie más.

 

—Y siempre, mi amor, por siempre —prometió Armando, estirando el cuello para sellar las palabras con un beso corto, tierno y con sabor a ellos.

Brian se volvió a recostar, atrayendo a Armando aún más cerca, hasta que la cabeza del futbolista quedó acomodada justo en el hueco de su hombro, con una mano empezó a trazar círculos perezosos en la espalda baja de Armando, un mimo constante que funcionaba como el mejor de los somníferos, Armando cerró los ojos, aspirando el olor a loción y piel de Brian, sintiéndose el hombre más afortunado del mundo, Tenían el Mundial por delante, tenía el número de una leyenda en la espalda, pero lo mejor de todo, era que tenía el corazón del Brian cuidándole la espalda.

 

Entre susurros melosos y caricias lentas, el cansancio finalmente los venció, dejándolos dormidos y enredados en un nido de sábanas, listos para ganarle al mundo al día siguiente.

Notes:

viva el brimiga y viva méxico