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Era un reflejo para este punto. Las birras ya estaban en tus manos sin que tu cabeza se preocupe por guardar el recuerdo de cuando abriste la heladera y la cerraste. La heladera podría estar vacía pero siempre tiene al menos un pack de cerveza. Javiera esta mirando al piso, no habla, nunca lo hace. Te sentás a su lado y ella ya tenía su lata abierta. No sabes si es costumbre o si la vida pasa mas rápido cuando están juntas y partes de la historia se borronean antes de que puedas notarlo. Te sentís muy estúpida. La música no esta fuerte pero existe como un susurro. Hay algo amargo en cada segundo que pasan juntas, como si las palabras no dichas se pudrieran, una manzana a medio comer olvidada al fondo de la heladera poco a poco contaminando las comidas a su alrededor. No podes formular palabras y no querés hacerlo. Cualquier ruido podría forzarlo todo, caerían de ese fino hilo de paz a una discusión nueva.
El sillón se ve mucho mas chico de cerca y aun así tratas de estar lo suficientemente lejos de ella como para no insistir y lo suficientemente cerca para que tu presencia se imponga por sobre la de ella. Se acostó con otra. Lo sabes y ella sabe que hiciste lo mismo. Pensaste que las vacaciones juntas a Brasil podrían acercarlas pero aparentemente es un poco de enojo y alcohol lo único que hace falta para separarlas aun mas. Lamentablemente el odio que se acumula en tu pecho no es suficiente como para afrontar lo que pasó. El departamento de Javiera es cada vez mas chico con cada segundo de silencio. La canción parece eterna, como si estuviera apurándolas a algo que ninguna va a hacer, como si fueran adolescentes. El eco de la música solía irritarte al punto de reír nerviosamente y quizás la fuerza de no reír es lo único que te recuerda que tenés veintisiete años y no quince. Javiera siempre hace las cosas mas complicadas de lo que ya son. No estas segura de si lo hace a propósito o si el problema son ustedes juntas y no querés pensarlo mucho. Hay líneas que no querés cruzar. Las horas corren pero el reloj no avanza. Siempre es igual.
Levantas la mirada a la heladera de nuevo porque mirar a la ventana te va a llevar a fumar y si fumas ella te va a acompañar y sabés cómo termina eso. Javiera tiene un imán hermoso de metales preciosos de fantasía en forma de copihue. Sabés que es de fantasía porque si lo acercas a la luz solo vas a ver tu reflejo y si fuera real brillaría colores. Te sentís muy estúpida. Pones una mueca y te levantas a fumar al balcón.
Contás los segundos que rápidamente se vuelven dos minutos y tres caladas, no te tenés que dar vuelta para saber que Javiera esta al lado tuyo y ella no tiene que hablar para que sepas que va a pedirte fuego, tu encendedor ya esta en su mano antes de que lo sepas. Javiera te mira decepcionada pero no dice nada y vos sabés que quería prender su pucho con el tuyo pero si no iba a hablar no le ibas a dar el privilegio de adivinar. Sabes que le molesta que finjas no conocerla y a vos te molesta ella y por eso mismo a penas terminas tu cigarrillo le robas el suyo y la besas. Ella corresponde y no sabes en que momento te vuelve a sacar el cigarrillo para darle una calada mientras te empuja de nuevo para adentro, a su cama de dos plazas que siempre te molestó por ser muy chica y muy grande a la vez. Le robas el cigarrillo para darle una calada mientras la tiras a la cama.
El resto es un recuerdo borroso largo de años o semanas u horas o segundos o nunca estas segura de qué. El reloj no marca la hora. Te levantas y pedís un uber. Javiera no protesta, su mirada se clava en tu espalda pero no dice nada. Te abraza por la espalda y te da besos tan dulces que quizás si fueras mas estúpida dirías que son de amor. Sos muy estúpida. El “Te Amo” no llega a abandonar tus labios. El amor silencioso no es amor y sin embargo permitís que Javiera pase por encima tus principios solo porque es ella y qué te cambia enterrarte un poco mas. Ella no quiere que te vayas y eso te hace quererte quedar, por eso mismo te vas a ir. Te das cuenta que la música sigue sonando fuera de la habitación. La letra no tiene sentido, el amor es una estupidez mucho mas compleja que simplemente entregarte. Lo sabes porque a Javiera le entregas tu alma pero nunca salen en palabras y ella parece disfrutar de manera cínica lo dulce de la lija que lima tu corazón. Llega a ser cruel por momentos, tanto que mientras bajas las escaleras (las preferís porque el ascensor es lento y tiene espejo y lo último que necesitas es verte a vos) te cuestionas eso que te prometiste nunca pensar dos veces: ¿Qué piensa Javiera cuando te vas? ¿Qué expresa esa mueca que nunca llega a ser de dolor y nunca llega a ser sonrisa pero parece mas que resignación? ¿Qué espera cuando se hace tarde y te vas porque la noche y el alcohol nunca se mezclaron bien en tu corazón? Tus silencios son “Te amo” pero los suyos son inciertos y eso te devuelve a la realidad junto al golpe del frío a penas cruzas la puerta.
En toda la tarde y toda la noche no dijeron nada, ella solo te siguió y te molesta extrañar las discusiones. Querés ver odio en sus ojos porque eso es mejor que verla, entenderla y no poder unirte a ella, ser una y morir de amor. Sos muy estúpida. La casa de Javiera no es tan grande, el edificio no es tan alto, la heladera no esta fría, la cerveza no estaba tibia, el reloj no va más rápido, el ascensor no es tan lento, las caladas no duran tanto y la llave no es un secreto mágico. El golpe de realidad es mas duro que una cachetada, el pecho se te llena de lágrimas que nunca dejas que salgan y el estómago se te revuelve y querés vomitar esa manzana que se pudre cada día más, el trayecto hasta tu casa es mas corto de lo que parece pero los relojes giran hacia atrás. No podés amarte mas que a ella y tampoco podrías dejar a Javiera, está sola en un país gigante y vos estás sola en una habitación llena de gente. El dolor dura mucho mas de lo que querés admitir porque está siempre y vos nunca lo vas a dejar estar. La música no suena pero la canción susurra en el fondo de tu cabeza versos sin sentido.
Lo primero que hacés cuando llegas a casa es abrir una cerveza y en un trago ya estás en la cama. No entendés porqué perdes el tiempo en pensar lo que ya sabes que no vas a responder nunca. Agarras el celular escribís un “Te amo” y lo borras antes de mandarlo. Guardas el celular en el cajón y finalmente dejas de pensar.
