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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-05-12
Words:
743
Chapters:
1/1
Hits:
10

Trapdoor

Summary:

Gustabo ya no quiere seguir con la rutina desgastante.

Work Text:

La alarma sonó a las 6:45, pero Gustabo ya estaba despierto.

Había abierto los ojos mucho antes, en medio de una oscuridad densa que parecía no terminar nunca.

No recordaba qué había soñado, solo que se había sentido igual de solo en ese sueño que en su cama.

No tenía sábanas revueltas ni almohadas desplazadas.

Dormía sin moverse. Sin luchar.

Apagó el despertador.

Se sentó en el borde de la cama.

Miró la pared vacía.

La luz gris del amanecer comenzaba a filtrarse por la ventana, pálida y sucia.

Otra vez. Otro día.

Se duchó en silencio.

Agua tibia, jabón sin aroma, toalla húmeda colgada desde hace días.

Se vistió con su uniforme de todos los días: camisa celeste, pantalón oscuro, campera gris.

Nadie lo obligaba a vestirse así, pero él lo hacía igual.

Era una forma de no tener que pensar.
Una forma de seguir.

Al salir del edificio, el aire le pareció más denso que de costumbre.

Nublado. Silencioso.

Caminó sin auriculares, sin música. Solo el ruido de sus pasos en el asfalto.

El cementerio quedaba en su camino. Siempre pasaba por ahí.

Esa mañana, algo lo detuvo. Entró.

Caminó entre las lápidas como si buscara algo, aunque no sabía qué.

El pasto estaba húmedo y las hojas, secas.

Y ahí la vio.

Una lápida gastada, con musgo en los bordes y letras desdibujadas.

Gustabo García. Su nombre exacto.

Sintió un escalofrío.

Sobre la piedra, un ángel de piedra tenía la cabeza inclinada, como si llorara.

Se quedó parado frente a ella varios minutos.

Sin saber por qué, le habló en voz baja:

—Vos lo lograste.

Volvió al camino.

En la oficina nadie lo miró al llegar.

Un par de "buen día" lanzados al aire.
Gustabo los respondió por costumbre, sin levantar la vista.

Se sentó en su escritorio.

Lo mismo de siempre: informes, archivos, correos sin alma.

Escuchó las risas de un grupo en la otra punta del salón.

Conversaban sobre una serie. Se reían fuerte, con complicidad.

Gustabo no entendía de qué hablaban. No le molestaba no estar incluido.
Le molestaba que no le importara.

Pasó la mañana mirando la pantalla sin ver nada. Solo los números. Solo el zumbido de la computadora.

Y esa sensación de estar bajo el agua.

A las 13:15 salió a almorzar.

Caminó tres cuadras hasta el pequeño restaurante de siempre.

Una moza lo saludó con un gesto automático.
Ya sabía qué pediría: milanesa con puré, agua sin gas, flan con dulce.

Siempre igual.

Comía lento. Miraba por la ventana.

Una pareja discutía en la vereda de enfrente.

Un perro dormía bajo una moto.

Una hoja cayó sobre la mesa de al lado.

Cuando le trajeron la cuenta, dejó el dinero exacto.

Nadie le agradeció. Él tampoco dijo nada.

Volvió a la oficina.

Trabajó hasta que oscureció.

Ya no quedaban muchos.

Un compañero se le acercó al pasar:

—¿Todo bien, García?

—Sí —respondió Gustabo.

El otro se fue.

No esperaba una respuesta distinta.

A las 19:43 apagó la computadora.

Salió del edificio.

La ciudad seguía viva, pero él no.

Caminó hasta su departamento con paso lento.

No quería llegar. Pero no tenía otro lugar a dónde ir.

Pasó por un supermercado, pero no compró nada.
No tenía hambre.

Subió las escaleras en silencio.

Cuando abrió la puerta, lo supo.

No porque oyera un ruido.
No porque algo estuviera fuera de lugar.

Solo lo supo.

Como si lo hubiera estado esperando toda su vida.

La figura estaba sentada en la penumbra, junto a la ventana.

No había arma a la vista. Solo la sombra de un hombre.

—¿Viniste a matarme? —preguntó Gustabo.

El otro asintió.

Silencio.

Freddy, vestido de negro, guantes, un pasamontañas que solo dejaba ver sus ojos. Su mirada, como la noche más oscura.

Lo observó durante unos segundos con una calma fría y aterradora.

—No pareces arrepentido —dijo con una voz ronca que lo hizo estremecer.

—No lo estoy.

—¿Seguro?

Gustabo lo miró a los ojos. Decidido.

—Lo pensé mucho tiempo. Meses.
Cada vez que me levantaba, cada vez que caminaba hasta acá, cada vez que almorzaba solo. No fue un impulso. Ahorre demasiado tiempo para esto.

Otro silencio.
Más denso. Más oscuro.

Freddy se levantó. Se acercó, caminando lento.

Lo tenía frente a él.

Gustabo dio un paso adelante quedando tan cerca que podía sentir su aliento.

Respiró hondo y lo dijo.

—Take me out and finish this waste of a life.

Freddy suspiró y saco su arma.