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Como cada sábado, la banda se encontraba descansando en la sala de la casa mientras esperaban a que Eduardo les hiciera el desayuno especial que les hacía cada fin de semana, todos excepto Luis y Bo estaban allí hablando tranquilamente sobre las misiones que habían hecho. Bo aún se encontraba durmiendo, había vuelto demasiado tarde de una reunión y para un día que podía holgazanear, prefería descansar, pero su descanso se vio interrumpido al sentir a Luis mal a través de la marca.
Rápidamente se levantó y se dirigió al baño de la habitación, abrió la puerta lentamente y lo vio llorando mientras sostenía algo en su mano temblorosa, con pasos lentos y cuidadosos se acercó al contrario y dejó un beso en su hombro descubierto. — Luis cariño que ocurre, ¿por qué lloras? — Dejó otro beso en la marca que tenía Luis en el hombro y tras hacerlo, empezó a percibir el olor de este más dulce, incluso pudo jurar que tenía un cierto aroma a leche. Pegó más su nariz al cuello del contrario para seguir oliendo y comprobar que aquello había sido un error, que tal vez aún seguía algo dormido y percibió algo que no era, pero justo cuando lo estaba percibiendo nuevamente, oyó una leve risa de Luis.
Le puso las manos en la cadera y lo giró para que lo mirara, era de los únicos que podía leer aquellos ojitos bicolor con claridad pero, cuando vio aquella bonita sonrisa y los ojos brillantes, como si hubiera recibido la mejor noticia del mundo, supo que no estaba llorando de tristeza, si no de felicidad.
Vio como el mayor tomaba lo que parecía ser una prueba de embarazo y se la mostró, confundido la tomó y la miró, pero cuando vio como dos rayas rojas se marcaban, supo lo que significaba; tras 2 años de noviazgo, habían tomado la decisión de ser padres, sabían que aún eran algo jóvenes, pero también sabían que aquel bebé iba a estar tan bien cuidado como ellos lo estaban. Sabían que podía ser un proceso largo y complicado, que había omegas que tardaban meses e incluso años en tener ese milagro, pero nunca se rindieron, sabían que tenían que intentarlo y si no lo conseguían, al menos se lo pasaban bien. Tras meses de intentarlo, parecía que por fin había dado resultado, después de tantas plegarias, tantas noches rezando, tantas horas que pasó Luis metido en la iglesia pidiendo aquel milagro habían dado resultado, por fin después de meses aquel maldito cacharro les mostraba positivo.
La rasgada mirada comenzó a pasar de la prueba a los ojos bicolor en repetidas ocasiones, sentía que en alguna de esas miradas una de las rayas desaparecía, pero no fue así, allí seguían; tras un último vistazo, comenzó a celebrar por toda la habitación, daba saltos y gritaba “¡sí!” en repetidas ocasiones. Luis intentó acallarlo para que nadie se enterara aún pero fue imposible, Bo estaba como un cachorro emocionado saltando por la habitación hasta que lo abrazó, lo abrazó con fuerza e incluso lo elevó un poco para dar algunas vueltas, consiguiendo que ambos se marearan.
El menor volvió a mirar la prueba y después al mayor, lo habían conseguido, lo habían conseguido, por fin le darían el nieto que el abuelo siempre quiso y el sobrino que con tanta insistencia Remi llevaba pidiendo desde que supo que ambos eran novios. Quería bajar corriendo para decirlo, quería gritar al mundo que iba a tener un bebé con la persona que más amaba en el mundo, pero fue detenido por la negativa de Luis, parecía que le había leído la mente.
— Debemos esperar un poco, se que te emociona contarle a todos este milagro, pero también sabes que la doctora Castro nos dijo que mejor nos esperemos a la semana 12 para anunciarlo a todo el mundo, sabes que en estas semana puede ocurrir algo y puedo perderlo, Dios no quiera pero puede ocurrir. — Dejó un beso en los labios del menor y después le acarició el rostro cuando vio como formaba un puchero.
Formó un puchero y después se escondió en el cuello del mayor mientras lo abrazaba, él quería contarlo pero tenía razón, la doctora les había advertido de que a veces antes de las 12 semanas podían ocurrir abortos espontáneos. — Entonces tú dejarás de venir a misiones y reuniones que no sean con Hai o los Gambino, siempre te alteras mucho con las otras bandas y no quiero que eso sea causa de la pérdida de nuestro bebé, porque los descuartizo y se los doy a Igor para que se los coma.
El mayor rió y asintió ante el pedido del menor, aunque realmente tampoco lo iba a hacer aunque no se lo pidiera, desde hacía un tiempo necesitaba un descanso de todo aquello y el embarazo era la excusa perfecta para ser el consentido de Bo, y de todos en un futuro.
[…]
Habían pasado 4 meses desde que habían descubierto que serían padres, 4 meses en los que les fue muy duro ocultar todo porque no querían sufrir una pérdida, 4 meses de mentiras a todos a pesar de que Luis tenía todos los síntomas habidos y por haber del embarazo, a pesar de que no los habían visto marcharse a la otra casa para pasar su celo juntos, pero sabían que la espera valdría la pena.
Justo habían llegado de la revisión mensual del bebé y por primera vez lo habían visto en una ecografía, aún era una cosita pequeña medio formada, pero les había hecho demasiada ilusión ver a su bebé, además habían pasado las semanas de peligro por lo que podían contarlo. En el salón estaban todos reunidos, les pareció raro porque antes de irse les habían mandado tareas que sabían que los mantendrían ocupados bastante rato pero aún así allí estaban, Bo iba a hablar pero Luis se le adelantó.
— ¿Qué hacen aquí parados?, les dejamos tareas para hacer excepto al abuelo y a Isidoro por obvias razones, pero los demás deben cumplirlas. — No alzó la voz, no les gritó, ni siquiera parecía enfadado, pero aquel tono suave y plano con el que les hablaba indicaba que los estaba regañando, lo sabían, Luis no era alguien de gritar pero su voz siempre tenía un tono dulce que perdía cuando quería imponer autoridad.
Todos se giraron a mirarlos y vieron como Bo escondía algo detrás suya, habían empezado a sospechar cosas sobre aquellos dos pero no podían afirmar nada porque sabían a lo que se enfrentaban, así que el único que realmente les plantó cara fue Eduardo.
— Queríamos hablar con vosotros sobre una cosa. — Eduardo miró directamente a los ojos de su hijo, sabía que a veces podía leerlos pero aquella vez no y eso le indicaba que algo escondía. — Hace 4 meses la limpiadora vino corriendo a entregar una prueba de embarazo positiva que casualmente estaba en vuestra habitación, pero no dije nada porque realmente cualquiera pudo entrar y hacérsela, pero es mucha casualidad que justo tu, Luis, pases por síntomas muy parecidos a los de un embarazo, ya casi no olemos tu aroma porque te lo cubre el de Bo y tampoco habéis pasado ningún celo más juntos desde el último, casualmente 4 meses atrás. ¿Hay algo que no nos estéis contando?
Ambos menores se tensaron, pero solo era más evidente en Bo porque Luis sabía camuflar bien su lenguaje corporal, sabían que era hora de contarlo pero no querían que fuera así, querían que fuera de una forma más bonita y esporádica pero por culpa de la limpiadora y los síntomas no habían podido hacerlo. Luis suspiró y dejó salir su aroma, aquel que hizo que todos no olieran ese olor a granada si no que les hizo oler a leche, aquel aroma suave que tenían todos los bebés cuando nacían y que los omegas adquirían cuando quedaban en cita.
— Bo y yo estamos esperando un bebé, lo hemos ocultado durante estos 4 meses por miedo a que al contarlo muy pronto pudiera suceder alguna tragedia, solo nos quisimos asegurar de pasar las semanas de peligro y ver que nuestro bebé se desarrollaba bien. — Se desabotonó algunos botones del final de la camisa que llevaba y mostró su vientre ya algo abultado a todos mientras Bo les pasaba la ecografía para que la vieran.
Ninguno esperaba aquello, realmente pensaban que lo negarían, que dirían que era una broma y que Luis solo había estado enfermo del estómago, pero no, era real, era real. Eduardo tuvo que sentarse después de tomar la ecografía, recuerdos que creía borrados comenzaron a llegar a su mente, recuerdos que le recordaban aquel mal pasado pero que a su vez le habían dado lo mejor que tenía en su vida. Se pasó la mano por el pañuelo que siempre llevaba y miró nuevamente la ecografía, era cierto que deseaba con todas sus ganas que Luis tuviera un hijo, deseaba volver a vivir esa experiencia de tener un crío correteando por la casa, pero sentía que lo habían hecho demasiado pronto, más bien, tenía miedo de que fueran a por su hijo igual que él fue a por Katerina.
Sentía todas las miradas encima suya, pero la que más intensa sentía era la de su hijo; lo volvió a mirar y vio como aquella mirada bicolor retenía las lágrimas mientras era abrazado por Bo, algo en esa mirada lo hizo verla a ella, la manera tan asustadiza en que le confesó estar embarazada mientras lo apuntaba con una pistola, pero había algo diferente, ella no tenía a Ilya al lado porque ya estaba muerto, Luis si tenía a Bo a su lado reconfortándolo.
Se levantó del sillón y se acercó a su hijo para abrazarlo. Aquel abrazo hizo que todos se relajaran y que aquella rara mezcla de olores que había en la habitación por la preocupación se fuera disipando poco a poco. El menor correspondió el abrazo y consiguió relajar su cuerpo, sabía que aquella situación podía hacer que su padre recordara aquello que vivió en Rusia, pero no era igual, a él no lo buscaba nadie por poner un país patas arriba, él sí estaba con una persona que realmente lo ama y él sí tenía el respaldo y la protección de mucha personas.
El mayor se separó y miró aquella mirada bicolor, ese ojo azul era siempre el recordatorio de que Ilya era el padre biológico de Luis, aquel ser siempre lo sería, pero el ojo verde era el recordatorio de Katerina, el recordatorio de una soldado luchando cada día de su embarazo para proteger a su hijo, aunque lo terminara abandonando, solo él sabía lo mucho que ella había luchado por traer a Luis al mundo.
Le tomó el rostro y dejó un beso en su frente antes de susurrar. — Me recuerdas tanto a tu madre, solo espero que tu no tengas que luchar tanto como ella para traer a este bebé al mundo, mereces tener el embarazo tranquilo que ella no pudo. — Desvió su mirada a Bo, vio como estaba algo más pálido, era normal, pero jamás le haría nada porque durante 2 años había demostrado amar incondicionalmente a su hijo, había arriesgado muchas veces su vida por tal de que Luis no recibiera una bala y si ahora habían planeado aquello, es porque realmente ambos querían ser padres. Lo abrazó también y le dejó algunas palmadas en la espalda antes de marcharse a su habitación a descansar, ya estaba mayor para ese cúmulo de emociones.
Después de eso, los demás integrantes de la banda se fueron acercando para felicitarlos y tras eso irse a cumplir de una vez las tareas que tenían asignadas; el único que no había dicho nada era Isidoro, tampoco estaba allí, lo había escuchado desde otra habitación, pero aquello consiguió removerle cosas que creía ya superadas, cosas que lo volvieron a hacer llorar.
[…]
Habían pasado 3 meses más desde que dieron la noticia, solo su banda conocía ese secreto porque sabían que contarlo a los 4 vientos podría hacer que alguna banda rival quisiera dañar a Luis y al bebé, por ello ni Hai sabía de la noticia. El vientre de Luis estaba más abultado, ya sabían que el bebé era una niña y pronto comenzarían a discutir el futuro nombre de la bebé; todos los de la banda siempre que pasaban junto a Luis le acariciaban el vientre porque decían que aquello les daba suerte en las misiones y eso parecía, solían volver casi ilesos y habiendo saqueado a los otros.
Remi desde que supo que era una niña se puso a hacerle ropa, sabía que podían comprarla pero ella quería consentir a su futura sobrina incluso antes de que naciera, incluso comenzó a aprender a tejer cosas simples.
También desde la noticia, de forma rutinaria, Luis esparcía crema anti estrías que su padre le compraba, no sabía si sería de las personas que le saldrían estrías o no, aún así ya tenía algunas así que no le importaba tener algunas más, sabía que eso serían el resultado de traer una vida al mundo. En aquel momento estaba en eso, esparciendo la crema por su abultado vientre mientras veía una serie con Clare y esperaba que algunos volvieran de una misión, cuando terminó empezó a sentir algo de hambre, no sabía si era el bebé o él, pero le apetecía algo dulce y con fresas, así que se levantó, tapó su vientre con la camiseta ancha de su padre que vestía y fue en busca de Bo para que fuera a comprárselo, luego recordó la misión con su padre, así que directamente fue hacia Isidoro.
Se acercó a este y le tocó el hombro suavemente para llamar su atención, cuando lo consiguió, preguntó. — ¿Podrías acompañarme al Ke rule a comprar algo dulce?, me apetece algo con fresas pero no queda nada en casa y el abuelo y Bo están en una misión con Hai.
El mayor asintió dejando de lado los documentos que estaba mirando. — Claro, tomó mi cartera y mi móvil y te llevó, ¿quieres ir al central o alguno de los que tienen más alejados?
— Al central, con esta panza no quiero ir demasiado lejos por si acaso. — Se pasó las manos por el vientre y después sintió la de Isidoro sobre este. Se mordió el labio nervioso, llevaba un tiempo guardando algo y no sabía a quién contárselo, así que decidió desahogarse con él. — A veces me aterra la idea de que pueda pasarle algo, se que mucha gente me respeta a pesar de ser un omega y estamos bien protegidos, los Gambino y Hai nos respetan mucho como banda y nos resguardan, pero a veces siento que estoy viviendo lo mismo que mi madre y… y yo no soportaría ver morir a Bo y que me arrebaten a mi bebé.
El mayor lo abrazó y dejó salir su aroma a canela para intentar tranquilizarlo un poco. — No pasará lo mismo, el abuelo es el primero que no dejaría que eso pase y detrás de él estamos nosotros, nunca dejaríamos que nada os pasara, hacéis mucho por nosotros y ese crío no tiene que pagar los enfados de bandas que hacen las cosas mal. — Dejó un beso en los cabellos de Luis y después caminó a su habitación para tomar su cartera y su móvil. El día en que todos se enteraron del embarazo de Luis, Eduardo no dijo nada, pero todos sabían que estaban bajo una amenaza silenciosa, una que los obligaba a protegerlos con sus vidas, y aunque Eduardo no lo hubiera hecho, él sería el primero en protegerlos, ya falló una vez salvando a la persona que más amaba y a sus hijos, no iba a dejar que Bo pasara por eso.
Cuando ambos estuvieron listos, se despidieron de Clare y Remi y se marcharon al Ke rule; por el camino iban rezando de que no hubiera mucha gente y no tuvieran que esperar mucho, y para su suerte así fue, había gente pero no era esa exageración que siempre había. Al entrar con lo primero que se toparon fue con la típica pelea que siempre tenían los dos dependientes de la tienda mientras Carlo solo los veía y grababa, Luis negó con una sonrisa y camino hacia el estante donde estaban las cosas dulces, fue inspeccionando una por una para ver si encontraba las que quería pero parecía que no.
De un momento a otro sintió el cuerpo de Isidoro detrás suya, no de alguna manera rara, si no de una manera protectora, sentía el aroma de este rodearlo como si quisiera ocultar ese olor dulce y a leche que tenía por su embarazo. Cuando no encontró lo que quiso, se giró para mirar a Isidoro y antes de que pudiera hablar, tres tipos enmascarados y armados entraron en la tienda con intención de robarla; instintivamente Luis llevó una de sus manos a su vientre, agradecía vestir aquella camiseta ancha que conseguía disimularlo, pero aún así, el mayor se había posicionado delante suya para protegerlo y había visto como Carlo también se había pegado a ellos en cuanto vio como se puso la mano en el vientre.
— Si os portáis bien, solo robaremos el dinero de las cajas, os daremos a la policía y nos piramos de aquí, si no os portáis bien, lo mismo recibís un tiro donde no os va a gustar. — El primero en hablar de los enmascarados era el que estaba en la puerta esperando que llegara la policía mientras sus compañeros robaban. Sonrió bajo la máscara cuando escuchó las sirenas, pero aquella sonrisa se amplió cuando uno de sus compañeros se acercó y le comentó una cosa al oído. — Parece que hoy tenemos entre nosotros un omega embarazado, que salga, que vamos a negociar más por él.
De manera disimulada, tanto el italiano como el andaluz intentaron cubrir al ruso, pero era en vano, los 3 eran más o menos de la misma altura y por los nervios el menor no podía evitar soltar su aroma más fuerte, así que inevitablemente consiguieron separarlo de los otros dos, forcejeó intentando librarse del agarre pero no quería dañar al bebé, así que no sirvió de mucho.
Mientras era llevado hacia la puerta, tiró de la marca para avisar a Bo de que algo no iba bien, y lo consiguió, pues comenzó a sentir como una ansiedad que no era suya se implantaba en su pecho. Llegó con el atracador de la puerta y sintió como este le tomaba el rostro y le quitaba las gafas para susurrarle con un tono morboso que le hizo querer vomitar.
— Eres un omega bastante bonito, podríamos pasárnoslo tan bien contigo si te llevamos con nosotros.
— Ni se te ocurra tocarle un pelo o coméis perpetua. — Aquella palabras fueron escupidas por Cooper, aunque los Sweet Dreams a veces eran un grano en el culo, los respetaba mucho como criminales y sobretodo a Luis, ver a un omega ser tan respetado por alfas en el ámbito ilegal era admirable, y como policía no iba a permitir que ningún omega sufriera alguna agresión.
El ruso miró a los ojos del atracador y con aquel tono suave y tranquilo con el que siempre hablaba dijo. — Puedes intentarlo, pero no va a gustarte como vas a acabar.
El atracador perdió la sonrisa ante esas palabras, había algo en la mirada y en la calma de sus palabras que consiguieron ponerlo en alerta, los omegas siempre estaban alerta y más si esperaban un cachorro, ¿por qué aquel no? Tenía la sensación de que se estaba perdiendo algo pero no le dio importancia, soltó el rostro del omega y después comenzó a negociar con aquel policía.
Mientras la negociación se llevaba a cabo, Bo conducía como un loco hacia el lugar donde había sentido a Luis, ni Hai ni Eduardo preguntaron nada pero ya se lo suponían, aún así intentaban calmarlo porque podían sufrir algún accidente grave pero no les hacía caso. Cuando llegaron al badulaque se bajó de manera rápida e intentó acercarse pero varios policías lo retuvieron, algunos lo conocían y sabían porque estaba así, pero otros lo desconocían y sentían algo de miedo, ver a un alfa ser interceptado por varios policías y aún así poder seguir andando era algo que pocas veces habían visto.
Cuando Cooper terminó de negociar, se acercó a Bo, pidió que lo liberaran y lo tomó de los hombros. — Bo tranquilo, Luis está bien, me encargué personalmente de que no le pase nada y dentro está Isidoro cuidándolo.
El chino lo miró mientras sentía la tensión de sus hombros relajarse, pero no podía estar tranquilo. — No puedo estar tranquilo, no es solo que Luis esté como rehén, Luis está embarazado, además tu no has sentido como yo como él está, nadie lo ha sentido y conoces muy bien a Luis, sabes que es capaz de ponerte buena cara y por dentro estar destrozado. Tengo que sacarlo de ahí y cargarme a esos hijos de puta con mis propias manos.
El policía suspiró. — Lo sé, se lo importante que son Luis y el bebé para ti, pero ahora debo actuar yo. — Se alejó un poco de sus compañeros y le susurró. — Te juro por lo más sagrado que tengo que los pillaré y te los daré en bandeja para que hagas lo que quieras con ellos, puedes matarlos, descuartizarlos, torturarlos, comértelos si quieres pero ahora déjame actuar a mi.
A regañadientes aceptó y se mantuvo a una distancia prudente junto a Eduardo y Hai, por su cabeza solo pasaban las mil y una formas de hacerlos pagar, nadie tocaba a su omega y mucho menos cuando estaba embarazado de su cachorro. Sintió la mano de Eduardo en su hombro, cosa que lo hizo salir de esa burbuja de rabia en la que estaba metido, había estado tan ocupado mirando mal al atracador que no se había dado cuenta que Luis salía junto con Isidoro, rápidamente se acercó a ellos.
Tras lo que pareció ser una larga negociación, Luis consiguió salir junto con Isidoro, había sentido a Bo cerca gracias a la marca y cuando salió lo vio, quiso correr hacia él pero cuando vio al contrario acercase se quedó quieto y lo recibió en sus brazos. Se abrazaron como pudieron por el inconveniente del tamaño de su vientre, pero era lo que necesitaban, sentirse el uno al otro.
Sintió su rostro ser tomado por el chino, vio aquellos ojos marrones llenos de preocupación mientras lo inspeccionaba y negó con la cabeza. Tomó las manos del chino y las llevó a su vientre, ambos sintieron como la bebé comenzaba a moverse al sentirlos juntos, aquello consiguió tranquilizarlo y hacer que volviera a ser el de siempre. — Estamos bien, Bo, de no ser por Isidoro, Carlo y Cooper si podría estar peor, pero sabes que estamos muy bien protegidos. — Dejó un beso en los labios contrarios y después comenzó a secarle las lágrimas que habían comenzado a caerle por el rostro, lo dejó esconderse en su cuello mientras dejaba salir su aroma.
El chino quería hablar pero no podía, se había agobiado tanto con la idea de que algo pudiera pasarle a Luis y a su cachorro que necesitaba soltar aquella ansiedad llorando mientras sentía el aroma de Luis rodearlo, mientras sus manos sentían como su pequeña se movía ante su tacto y su presencia. Se quedaron así hasta que todo a su alrededor estuvo tranquilo, cuando los policías, atracadores y demás rehenes se fueron pudo al fin salir del cuello del ruso y mirarlo, vio como lo recibió aquella dulce sonrisa que siempre tenía y sintió como todo su cuerpo se relajaba completamente.
Vieron como los demás se acercaban a ellos, incluso Toni se les unió que justo había llegado después de saber lo del atraco y lo de Luis, era el otro omega que dominaba aquella ciudad y no le había gustado saber lo que le había pasado a Luis. Ambos italianos le preguntaron si estaba bien, si necesitaba algo, pero el ruso negó diciendo que estaba bien, que lo único que necesitaba era localizar a esos asquerosos para cumplir con su venganza.
— Cooper me dijo que los pillaría y nos lo serviría en bandeja para que hiciéramos lo que quisiéramos con ellos. — El chino menor habló después de los minutos que estuvo callado, su voz estaba algo más grave por el llanto y su expresión demasiado seria. — En nuestro barrio tenemos una sala especial para torturas, podéis uniros si queréis pero solo como espectadores, de esos me encargo yo.
Verlo de aquella forma hizo que Luis comenzara a sentirse de una forma que no debía, pero nunca había visto a Bo tan enfadado como aquella vez, las hormonas y el haber estado un tiempo sin hacerlo tampoco le ayudó mucho. Se aclaró la garganta y se despidió de los hermanos junto a Hai para después volver al barrio, no sin antes haber pasado por una pastelería para conseguir los dulces que tanto querían.
Cuando llegaron a la casa, Luis vio como Bo subía a la habitación bastante cansado, así que dejó los dulces en la cocina para después subir tras él y aprovechar para dormir una siesta juntos como muchas veces hacían. Cerró la puerta y de manera disimulada puso el seguro, después se fue guiando por el olor del menor para ir al baño y verlo desvestirse, sabía que no podía ocultarse mucho por su abultado vientre, así que cuando ambas miradas chocaron a través del espejo, decidió entrar.
— Quería saber cómo estabas, te vi subir muy cansado.
El menor sonrió y se acercó al mayor para abrazarlo por la espalda, miró el reflejo de ambos en el espejo y subió la camisa del contrario para dejarle al descubierto el vientre. — Lo estoy, la misión nos fue bien, pero vivir ese momento de angustia donde te sentía tan mal me dejó muy mal. Por suerte estáis aquí conmigo los dos que es lo importante. — Le dejó un beso en la marca y comenzó a acariciarle el vientre, pero vio como el mayor dejaba expuesto su cuello en la zona donde estaba marcado, sabía que Luis hacía eso pocas veces porque le pedía de otras formas acostarse, pero cuando lo hacía sabía lo que significaba. — Luis estás muy embarazado para esto cariño.
El mayor ante la negativa lo miró por el espejo y pegó su trasero al miembro del menor. — Pero de esta forma si podemos, además es bueno tanto para mi como para el bebé. Hace unos meses que no me tocas y después como actuaste hoy más las hormonas comprenderás mi situación, verte tan enfadado y usando ese tono grave. — Se mordió el labio inferior mientras apoyaba sus manos en el lavabo y comenzaba a moverse sobre el miembro del contrario. — Nadie lo sabrá y el abuelo no te regañará, solo un poquito, ¿si?
Quería resistirse, sabía que no era malo que mantuvieran relaciones durante el embarazo pero le daba miedo que algo pudiera pasarle el bebé, además de una amenaza de parte de Eduardo, pero el mayor pocas veces se ponía tan sumiso pidiendo sexo, pocas veces lo dejaba reabrir la marca, eran pocas aquellas oportunidades y nunca las había desaprovechado, así que aquella vez no sería la primera.
Suspiró y se alejó un poco del contrario para terminar de desvestirse, después se apegó nuevamente al cuerpo del mayor, llevó sus labios hacia la marca y dejó varios besos por esa zona mientras le bajaba el pantalón y la ropa interior. — Intenta no ser muy ruidoso porque ya has empezado algo que no voy a parar. — Le susurró aquello en el oído mientras sus miradas conectaban a través del espejo, tras eso volvió a llevar sus labios hacia la marca, pasó su lengua por esta y la mordió en el mismo momento en que se introducía dentro del mayor de una estocada.
De aquella forma ambos se perdieron durante algunos minutos, tal vez incluso una hora, en recuperar algo de su vida sexual mientras esperaban a que Cooper pillara a los atracadores y se los entregara después de procesarlos en la comisaría. Después de todo, se ducharon juntos y mientras el menor le esparcía crema hidratante por la espalda al mayor, escucharon a alguien tocar a la puerta, así que cuando terminó de esparcirla, se acercó a abrir.
— Oye Bo que el policía ya ha llamado para decir que tiene a los tipos esos, se los va a entregar a Hai y este vendrá con ellos y con los Gambino.
— Vale, nos vestimos y bajamos. — Cerró nuevamente la puerta y se acercó a Luis. — Ya escuchaste, los tienen, ¿qué quieres hacer con ellos?
El mayor lo miró y dudó unos segundos, otras veces no habría dudado en hacer miles de cosas por lo de hoy, pero ahora tenía que ir con cuidado si no quería que su bebé sufriera algún daño. — La verdad no lo sé, antes te hubiera dicho que me gustaría apuñalarlo hasta que se desangre, quitarle las uñas para que sufra y de esa manera se disculpe, incluso pegarle una paliza o un tiro en zonas donde le queden secuelas, pero ahora no lo sé, tengo miedo de que me haga algo y dañe a nuestra pequeña.
— Eso no pasará. — Le tomó las manos y dejó un beso en los nudillos. — Yo mismo me puedo encargar de eso, tú me guías y yo lo hago, así los golpes y la sangre la recibo yo y así la bebé y tú estáis seguros. — Dejó un beso en los labios contrarios y después llevó sus manos al abultado vientre. — Nunca dejaría que os pasara nada, haría todo por protegeros, arriesgaría todo por vosotros, tú más que nadie lo sabes que sería capaz.
Sonrió y dejó también un beso en los labios del menor mientras llevaba sus manos hacia las de él. — Lo sé, se que podría pedirte la luna y tu aprenderías a volar para traérmela, que puedo pedirte que cruces un océano entero para verme y lo harías, se que arriesgarías todo por mi y sabes que yo también. — Subió sus manos hacia el rostro del menor y lo acuno, vio aquellos ojos rasgados hacerse más pequeños conforme se le agrandaba la sonrisa. — Ojalá nuestra hija tenga unos ojos rasgados tan bonitos como los tuyos.
— A mi me gustaría que tuviera los tuyos, que tuviera dos bonitos colores uniéndose entre ellos para que sea la niña más bonita del mundo, como su padre.
— Técnicamente soy la madre, lo pensé durante un tiempo y no me importa referirme a mi de esa forma, hicimos bastante esfuerzo en traerla como para importarme algo tan insignificante como eso. — Volvieron a unir sus labios en un pequeño beso para después separarse y vestirse.
Bajaron al salón donde se reunieron con Eduardo e Isidoro, esperaron a que el mensaje de Hai llegara y cuando llegó, salieron a recibirlos viendo como integrantes de la mafia del chino mayor llevaban a los tres delincuentes hacia la sala que Isidoro les estaba guiando, se la iban a pasar en grande torturando a aquellos asquerosos.
Hai miró a Luis y con un tono serio le dijo. — Luis, ¿puedo hablar un momento a solas contigo? — Ante el asentimiento del ruso, se alejó un poco de los demás y después volvió a hablar, pero esta vez con un tono que sonaba más bien preocupado. — ¿Por qué no nos avisaste que estabas embarazado?, sé que no te hace falta ningún tipo de protección porque eres un omega que ha sabido hacerse respetar, incluso conmigo, pero cosas como las de hoy pueden ocurrir más veces y sin ese conocimiento no se te puede poner a salvo a tiempo, hoy no pasó nada, pero otro día puede pasar.
El ruso se tensó un poco, sabía que no le estaba regañando ni nada, más bien parecía hablarle como un padre, pero el tema de su embarazo había sido demasiado delicado. — Tenía miedo, desde el día en que me enteré que estaba esperando a la bebé tuve miedo, primero tuve miedo de sufrir un aborto espontáneo en las semanas de riesgo después de la de meses que Bo y yo llevábamos intentándolo, cuando pasado las semanas tenía miedo de la reacción de mi padre porque sabía que aquello era revivirle una época poco agradable para él, tenía miedo de pasar por lo que pasó mi madre si las bandas que quieren el mal para nosotros se enteraban, ¿tú no estarías igual si Toni estuviera esperando un bebé tuyo?
Ante la pregunta, el chino se quedó en silencio, por un momento imaginó todo lo que Bo estaba pasando y se dio cuenta de que él haría lo mismo. Suspiró y asintió. — Si, estaría igual, sería capaz de hacer caer esta ciudad a pedazos si decidieran tocarle un simple pelo.
— Entonces entiendes por lo que estamos pasando Bo y yo, ambos tenemos nuestros demonios con los que luchamos cada día, seguimos luchando por conservar el puesto tan alto que nos ganamos en esta puta ciudad y para un milagro que tengo no pienso arriesgarme, porque te juro que les cortaba el cuello en la plaza de la ciudad delante de todo el mundo para que las demás vieran que con Luis Hidalgo no se juega. — Tras decir aquello, se encaminó hacia la sala de torturas, sus propias palabras le habían dado una idea para castigar a aquellos que lo habían intentado joder, solo que sus manos ejecutadoras serían las de Bo. Cuando la luz del lugar lo iluminó y los tres delincuentes lo vieron, palidecieron completamente. — Contadme cómo fue que pasasteis de querer robar a querer aprovecharos de mí a pesar de estar embarazado, quiero saber la historia.
Ninguno quería hablar, los tres parecían querer guardar silencio por miedo a que al abrir la boca sus lenguas fueran cortadas, ¿pero acaso tenía alguna otra opción?, era hablar o sufrir consecuencias por no hablar. Los tres se debatían mentalmente porque hacer, debate que terminó cuando vieron como un tiro era dado cerca de sus pies, vieron aquellos claros ojos bicolor mirarlos con rabia, así que el cabecilla decidió comenzar a hablar.
— Yo era el que estaba en la puerta esperando a la policía, no estaba atento a vosotros porque solo nos importabais como rehenes y no como personas, pero el de mi izquierda, que fue el que había ido hacia la caja de la parte trasera, consiguió ver de reojo como un tipo rubio y otro castaño te ocultaban mientras tú parecías tener la mano en tu vientre, así que se lo dijo al de mi derecha y él me lo dijo a mi, si no hubiera sido por eso no nos hubiéramos percatado lo juro. — No mentía, en los robos poco lo importaba quien hubiera, mucho menos el estado en que podrían encontrarse algún omega, pero si era cierto que sus amigos eran más chismosos y habían la liaban.
El ruso los miró y soltó una carcajada, comenzó a reírse de ellos en su propia cara mientras jugaba con la pistola que tenía en su mano. Se limpió algunas lágrimas después de reírse y los miró con aquella mirada de superioridad que a pocos le daba, aquella que lo hacía ver como su padre. — Sois tan tontos y tan inútiles, si realmente a uno no le importan los rehenes los demás deberían ser iguales porque os ahorraríais este tipo de cosas, pero sois tan tontos que ni eso sabéis hacer, no me extraña que no resaltéis en el mundo ilegal. Por si vivís en una piedra y no sabéis quién soy, soy Luis Hidalgo, uno de los fundadores de los Sweet Dreams y el omega que os tiene a muchos con las piernas temblando mientras me pedís que os suministre algo para que vuestras bandas funcionen, esta puta ciudad es mía junto a los Gambino, un puto bolchevique os tiene comiendo de su mano mientras vosotros jugáis a querer dárosla de ser los mejores y no sois nada, nada. — Sonrió y después giró su cabeza para mirar a Bo. — Ya oíste quien hizo cada cosa, toma el cuchillo y encárgate de ellos. - Se apartó para evitar que cualquier mínima gota de sangre le salpicara y le dejó todo el trabajo al chino.
Este al escuchar la orden del ruso, acató, tomó el cuchillo que habían llevado y se acercó primero al cabecilla del trío, le tomó la mandíbula y lo miró. — Tu pareces ser el líder de los tres, contigo nos divertiremos más tarde, ahora mismo quienes van a sufrir son tus compañeros mientras tú los miras, que te sirva como lección para que sepas con quien no debes meterte, si es que sales vivo de aquí. — Lo soltó y después se dirigió hacia el que tenía a la izquierda el líder. — Tu eres el que vio todo, ¿acaso no viste la marca tan bonita que tiene y que dice que tiene un alfa que te iba a hacer pagar por eso?, tal vez debas graduarte la vista porque no comienzas a ver ciertas cosas, o quizás pueda ayudarte yo a eso. — Lo tomó del cabello y le echó la cabeza hacia atrás mientras le acercaba el cuchillo al ojo, dejó la punta sobre este y sonrió. — ¿Listo para graduarte la vista?
El delincuente temblaba en su silla, cuando habían ido al robo no había reconocido a Luis, sabía quién era y sabía quién era su banda, lo sabía demasiado bien pero con las prisas ni siquiera se paró a mirarlo bien y se arrepentía de no haberlo hecho. Veía el cuchillo cada vez más cerca de su ojo, a ese punta estaba ya llorando, no quería perder la vista, prefería una paliza, pero aquello no paró al chino. Sentía como el cuchillo se enterraba en su ojo mientras gritaba de dolor y la sangre corría por su cara, pensaba que solo iba a ser en un ojo como aviso, pero terminó haciéndoselo en el otro ojo, dejándolo así completamente ciego.
Sacó el cuchillo llenó de la sangre de aquel asqueroso y se acercó hacia el chivato. — Tu eres quien se chivo de que Luis estaba embarazado, bien pudiste callarte pero decidiste largarlo todo como buen sapo que eres, no es la primera vez que lo haces y eso hay que arreglarlo, un chivato sin lengua deja de serlo. — Le hizo abrir la boca, le tomó la lengua y se la sacó todo lo que pudo para después cortarla de manera lenta, de manera que fuera sufriendo en el proceso mientras se manchaba de su propia sangre, mientras intentaba gritar del dolor pero no podía, mientras lo veía llorar pero poco le importaba, no le removía nada porque habían jugado con algo con lo que no se juega. Cuando terminó de cortarla, la tiró a los pies de este y se alejó un poco para mirar algo cabecilla, estaba pálido, casi parecía un fantasma. — Solo nos quedas tú, podríamos pasárnoslo tan bien contigo, conocemos a una persona que es caníbal, ¿qué te parece si le pedimos que te corte parte del cuerpo, las cocine y las cenéis juntos?, debe ser delicioso.
El cabecilla tembló ante eso pero no se achantó, aunque tuvo que hacerlo. — Mejor cómetelo tú como buen chino que eres, que os coméis a todos los animales que pilláis. — Sonrió al ver como borraba la sonrisa del chino pero pronto se le fue a él también cuando sintió un tiro en la rodilla, uno que sabía que podía perfectamente dejarlo cojo de por vida.
Al escuchar aquellas palabras, el ruso de manera rápida le disparó, nunca había permitido ningún tipo de falta de respeto hacia las personas que amaba, mucho menos lo haría con el padre de su hija. — Me estoy hartando un poco de ti y de tu chuleria, una falta más de respeto y acabas colgado en una gasolinera o con la cabeza cortada, o te comportas o no sales vivo de aquí. — Aquello consiguió hacer efecto en el delincuente, lo vio encogerse en su lugar mientras se quejaba bajito del dolor, pero aquello no calmó el malestar de Luis, necesitaba más, así que le disparó en la otra rodilla y posteriormente en el hombro. — Dejadlos tirados en la plaza, sin curar ni nada, con una nota que diga que estas son las consecuencias de meterse con los Sweet Dreams, que sobrevivan si pueden. — Dejó el arma y después salió de aquella sala para tomar algo de aire, necesitaba calmarse un poco por el bien suyo y de la bebé, cosa que consiguió cuando Bo también salió y lo abrazó por detrás.
— Tranquilo mi amor, recuerda no alterarte mucho. — Le dejó un beso en la mejilla y después le colocó las manos por debajo del vientre, subiéndolo un poco para aliviarle el peso de la bebé. Sonrió al sentir la cabeza de Luis echarse hacia atrás y apoyarse en su hombro con alivio.
Muchas veces agradecía el que su padre le hubiera enseñado a Bo a cómo sujetarle el vientre para aliviarle el peso, aún quedaban 2 meses por delante pero le estaba siendo un poco complicado aquella fase final, casi no podía hacer nada por su vientre y lo hacía sentirse inútil, a pesar de que nadie se lo dijera y siempre lo ayudaran desinteresadamente. Tenía ganas de ver a su hija ya, pero a la vez quería vivir eternamente con ella ahí, esa etapa de estar creando una vida era la que más estaba amando, pero a la vez quería vivir todas aquellas etapas que conllevaban tener un hijo.
[…]
No sabían en qué momento habían pasado los 2 meses que le restaban a Luis de embarazo, 2 meses en que su vientre creció un poco más pero no se veía demasiado grande ni exagerado, pero sí pesado y molesto, no podía hacer nada sin la ayuda de Bo. Estaba emocionado por saber qué día sería el que llegaría su pequeña, pero cuando comenzó a sufrir las famosas falsas contracciones se arrepintió de todo, se acordaba de toda la ascendencia china de Bo y de las noches que le abrió las piernas para intentar concebirla.
Cuando las sufría, solía agarrarle las manos a su padre, sabía que había pasado aquello con su madre y estaba acostumbrado; a su vez, había comenzado a hacer ejercicios pélvicos para facilitar el parto, tenía muy claro que de poder le gustaría tener un parto natural, y para ello necesitaba preparase bien. Todas las tardes hacía los ejercicios con Karla, ella era quien le iba guiando y le iba corrigiendo, ya había sido madre antes de entrar a la banda así que sabía lo que era eso.
Al ejercicio que más gusto le había pillado era al de mover la cadera en círculos mientras estaba sentado en una pelota de pilates, amaba hacerlo mientras veía alguna serie, era como más cómodo estaba y con la pelota se ayudaba mejor a levantarse y sentarse, pero también sabía que cierto chino lo miraba con ojos lujuriosos.
Aquel día estaba con eso, ya había hecho los otros ejercicios y se sentó en la pelota para hacer los que le faltaban cuando escuchó como alguien venía, al olerlo supo de quién se trataba y de la frase que iba a soltarle.
— ¿Sabías que la mejor forma de hacer salir al bebé es hacer lo mismo que para meterlo?, yo solo digo.
— Llevas una semana diciéndome eso chino, y sabes mi respuesta, me pesa demasiado la barriga para hacerlo. — Se puso la mano en el vientre al sentir como volvía aquel dolor que ya conocía, movió la mano pidiendo la del contrario y cuando la tuvo la apretó un poco. El dolor se fue disipando poco a poco, creyó que podría estar tranquilo así que se levantó para ir a comer algo, pero repentinamente sintió como un líquido escurría por sus piernas.
Se quedó paralizado en el sitio, miró a Bo algo asustado y después sus ojos fueron directos a los de su padre cuando lo vio entrar. Quiso hablar pero el chino fue más rápido.
— Luis, ¿acabas de romper aguas?
Ante esa pregunta, el mayor de los tres rápidamente se acercó a su hijo para mirar, efectivamente acababa de romper aguas, pero sin contracciones seguidas aún no era el momento del alumbramiento, pero sí quedaba poco para eso. Tomó la mano libre de su hijo e hizo que lo mirara. — Luis cariño, tu tranquilo, has roto aguas pero esto ahora es un proceso algo largo, Bo y yo estamos a tu lado y yo puedo guiarte hasta que vayamos al hospital. Lo primero es saber si has tenido más contracción y cada cuanto. — Volver a vivir un parto le recordaba a cuando tuvo que ayudar a Katerina a traer al mundo a Luis, fue uno de los días más raros de su vida pero fue el día que le trajo a la persona más importante que jamás tendría, y ahora esa persona le daría una nieta.
Sentía su cuerpo temblar levemente por los nervios. — Tuve una contracción justo antes de sentir como se rompía la bolsa, pero hacía días que no las tenía por los ejercicios.
— Bien, entonces hasta que no tengas contracciones cada pocos minutos no es momento de ir al hospital, mayormente porque vamos a ir, te van a decir que has dilatado poco y te mandarán a casa, así que lo mejor es que te vuelvas a sentir en la pelota y des pequeños botes.
Asintió y con la ayuda de ambos se volvió a sentar y comenzó a dar pequeños botes, todo aquello era demasiado nuevo para él y aunque había intentado prepararse mentalmente para ello, sentía que no lo estaba, sentía que no iba a poder hacerlo, que todo se complicaría demasiado por sus nervios. Cuando su padre se fue para avisar a los de la banda, llevó su mirada hacia la del menor y comenzó a llorar, estaba demasiado asustado. — Tengo miedo de no ser capaz de hacerlo, ¿y si por mis nervios o algo no lo consigo y daño a nuestra bebé?
Le tomó las manos al mayor y dejó un beso en los nudillos. — Lo vas a hacer genial, lo has hecho genial hasta ahora y un parto no va a poder contigo, eres el omega más fuerte que he conocido nunca y sé que eres capaz de esto y mucho más. Yo también tengo miedo de que algo se complique y os pase algo, pero tengo tanta confianza en ti que sé que podrás con esto.
En aquellos momentos era donde se arrepentía un poco de no haber mantenido el contacto con su madre, seguro ella le habría sabido guiar en cada paso que debía dar en aquellos momentos, pero, ¿ella habría sido aquella buena madre que le prometía ser aquel día que se conocieron? Se perdió tanto en sus pensamientos que solo el dolor de una nueva contracción lo hizo volver en sí y aferrarse a las manos de Bo, aquella había sido más fuerte que a las que estaba acostumbrado pero sabía que era una señal de que estaba más cerca el momento de conocer a su pequeña.
Los minutos parecieron pasar lentos, demasiado lentos, pero cada vez las contracciones eran más seguidas hasta que comenzaron a ser cada tres minutos, fue entonces cuando entre todos se organizaron para llevarlo al coche y meterlo con cuidado, meter en el maletero las mochilas que llevaban semanas preparadas, y conducir hacia el hospital mientras le apretaba la mano a su padre y este lo reconfortaba.
Llegaron al hospital más rápido de lo que debían, pero aquello era una emergencia, vio como su puerta era abierta y después sintió como Bo lo cargaba en brazos y entraba al hospital en busca de una silla de ruedas para sentarlo, cosa que consiguió pronto. Tras sentarse en ella, fue llevado por una enfermera hacia una sala que desconocía, una que según era la previa a la sala de parto, debían hacerle algunas preguntas antes.
— Serán unas preguntas rápidas señor Hidalgo, ¿desea tener parto natural o cesárea?, en caso de ser parto natural se le hará una breve exploración para conocer el estado de dilatación en el que está y así dictaminar cuándo llevarlo a la sala de parto, en caso de ser cesárea podemos llevarlo ya a quirófano.
Aquellas pregunta se la formuló mientras se estaba subiendo en la camilla y mientras sentía otra contracción venir. — Me gustaría parto natural y en caso de ser una emergencia cesárea, me gustaría dar a luz por mí mismo. — Vio como la enfermera asentía mientras anotaba algo en el portapapeles que llevaba en la mano y después se marchaba.
Al cabo de poco tiempo entró la doctora Castro, agradecía eternamente que ella estuviera allí, era la doctora que le había llevado todo el embarazo y por la cual había rezado que le llevara el parto. Sostenía la mano de Bo mientras sentía como le hacía la exploración, le daba algo vergüenza que alguien más lo viera así pero no estaba en una situación donde la vergüenza pudiera hacer presencia.
— Parecía que esta pequeña ya quiere salir, estás listos para traerla al mundo, ¿sabías que estabas tan dilatado?
— La verdad no, en la mañana rompí aguas y el abuelo me dijo que esperara a que tuviera contracciones cada pocos minutos para venir al hospital. Estuve todo el día con contracciones porque al principio había demasiado tiempo entre unas y otras pero ahora a la noche comenzaron a ser más seguidas y no podía esperar más.
La doctora sonrío y se quitó los guantes. — Pudiste venir perfectamente, yo te hubiera colado, pero aún así Eduardo hizo lo correcto, muchos doctores recomiendan eso y mira, vienes justo para la parte del alumbramiento, lo que no sé es si podremos ponerte ya la epidural, intentaré que si.
— No me importa no recibirla, solo quiero conocer ya a mi pequeña y descansar.
— De acuerdo, voy a pedir que te lleven a la sala de parto y que le den el vestuario correspondiente a Bo, en nada conoceréis a vuestra bebé.
La doctora salió y tal y como había dicho, dos enfermeras entraron, una para llevárselo a la sala de parto y otra para darle a Bo la bata y gorro con la que debía entrar a la sala en la que pronto conocerían a su pequeña. Volvió a sentir los nervios recorrerle el cuerpo, había llegado el momento que durante tantos meses y duras horas de contracciones había esperado, mil veces imaginó esa situación y ninguna era comparable a cómo se sentía, la ansiedad también se había implantado en su pecho y ver a tanto personal del hospital moverse por la sala no lo relajaba mucho.
Cuando el chino entró, rápidamente le estiró la mano para tomársela; comenzó a tener una sensación extraña, como si tuviera que empujar, lo comunicó a los doctores y estos rápidamente tomaron sus posiciones, lo guiaron durante el momento de empujar, le paraban cada poco para que descansara, después volvía a empujar, así hasta que a los minutos se oyó el llanto de la pequeña, ese llanto tan reconocible que hizo que ambos también lloraran pero de alegría.
Se sentía completamente exhausto pero necesitaba estar un poco más despierto, necesitaba tomar a su pequeña en brazos y después podría dormir tranquilo. Vio como le permitieron a Bo cortar el cordón y como tras eso se la llevaron para limpiarla y revisarla, sintió como a él también lo revisaban pero los besos del contrario lo tenían más distraído.
Cuando la pequeña ya estuvo lista, se la acercaron, gracia a que estaba medio recostado pudo cargarla y mirarla, vio aquellos dos ojitos rasgados comenzar a abrirse lentamente, aún no tenía el color de sus ojitos definidos, pero ya sentía que estaba enamorado de ellos. Tras hacer las últimas comprobaciones ambos fueron llevados a una habitación donde estarían solos.
Cuando estuvieron acomodados, y siguiendo las indicaciones de la enfermera, consiguió hacer que la pequeña se enganchara a su pecho para comenzar a comer, era una sensación rara pero a la vez satisfactoria, una que estaba consiguiendo llenarlo de la misma felicidad que sintió cuando vio el test positivo.
Quería disfrutar de aquel momento en soledad con el amor de su vida y su hija, pero la habitación comenzó a llenarse de personas emocionadas por conocer a la nueva integrante, que tan a gusto comía sin enterarse de nada. Cuando la pequeña terminó, el primero al que se le permitió cargarla fue a Eduardo, era el abuelo y tenía ese privilegio.
Eduardo la cargó con algo de miedo, hacía tantos años que no cargaba a un bebé que parecía nuevo para él, pero al tenerla entre sus brazos comenzó a recordar cuando tuvo a Luis así, recordó la de horas que pasaba con él en brazos por miedo a que se lo quitaran, la de horas que se pasaba mirándolo porque parecía ser un ángel caído del cielo, cuando lo revisaba constantemente mientras dormía para comprobar que seguía respirando. Sonrió cuando la bebé le agarró el dedo, había nacido igual de pálida que Luis, con el mismo cabello oscuro y esperaba que en un futuro tuviera los ojos como Luis.
Con la ayuda de Bo, se sentó en la camilla y volvió a cargara a la pequeña cuando su padre se la devolvió, después miró a la banda y dijo. — Sweet Dreams, os presento a nuestra nueva integrante, Olivia Hidalgo Ling, ella será la futura líder de esta banda así que desde hoy deben respetarla y cuidarla como se debe. — Sonrió al ver como todos asentían casi al unísono, después les permitió acercarse para verla y dejar los regalos que habían comprado mientras él la traía al mundo.
Una nueva etapa de su vida comenzaba en aquel momento, sabía que ahora él y Bo tenían mucho más que arriesgar para protegerla, pero no le importaba, harían lo que fueran por su pequeña.
