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Vulnerable

Summary:

En el cuarto oscuro, bajo la única luz ámbar que ilumina su vida, Louis revela fotos y esconde heridas.
Hasta que es forzado a salir a la luz del día para fotografiar al único chico que nunca quiso volver a enfocar:
Harry, el capitán de soccer que destruyó su vida social hace dos años.
Un encargo. Cinco fotos. Un secreto que ninguno de los dos sabe cómo revelar.
Y una última noche en la que la oscuridad será testigo de todo lo que nunca se dijeron.

Chapter 1: Saliendo a la luz

Chapter Text

El cuarto era iluminado por un pequeño foco de luz color ámbar. Apenas podía discernir la silueta de los objetos que se encontraban lejos de su mesada de trabajo.

El Tic-Tac del reloj a cada segundo que pasaba era un sonido que le abrazaba con calidez en aquel pequeño espacio. Le otorgaba el dulce sabor de la cotidianidad en la soledad de la oscuridad.

El fuerte aroma de los productos químicos se sentía como su hogar mientras que el orden en las herramientas que debía utilizar le daba paz mental.

Mantuvo su respiración controlada mientras con una pinza trasladó una de las fotografías de la bandeja de baño de paro hacia la bandeja de fijado.

Miró el reloj frente a él, anotando en su cabeza cuándo debía de voltearla y cuándo debía pasarla a la bandeja de lavado, donde descansaban otras cuatro fotos.

Observó como la fotografía comenzaba a dibujarse lentamente en el papel y sonrió satisfecho con lo que veía. Su entrega estaba casi completa, tendría su presentación con diez fotografías hermosas. Estaba orgulloso.

Para Louis, la fotografía analógica tenía cierta chispa, cierta magia única que la digital nunca podría alcanzar. Cuando se toma una fotografía analógica tiene que ser perfecta en el primer intento porque luego ya no hay vuelta atrás; no puede ser editada o corregida.

Además, los rollos son finitos y costosos, no así como la increíble cantidad de fotografías que puede albergar un teléfono o una cámara digital.

Lo limitado hacía que cada toma fuera pensada con una atención al detalle muy cuidadosa.

Debido a esto, Louis se había vuelto muy bueno en capturar los momentos ideales, los huecos de la realidad en los que se entreveía la belleza de la vida. Él alguna vez usaba métodos digitales, no podía negarlo, pero siempre volvía a la comodidad de esas cuatro paredes.

Continuó con el proceso, siendo extremadamente cuidadoso con el tiempo que cada fotografía pasaba por cada compuesto químico, controlando con experiencia y suavidad sus movimientos, evitando que las fotografías se toquen entre sí y se arruinen.

En algún momento, escuchó la puerta del cuarto abrirse, indicándole que una persona había entrado. No podía alejarse de su mesa de trabajo ni podía quitar la mirada de lo que estaba haciendo, así que solo esperó a que quienquiera que fuera, se presentara.

Escuchó sus pasos atravesar el pasillo que evitaba que entrara la luz exterior al cuarto hasta que la persona estuvo a su lado.

—Lou, ¿Ocupado? —La suave voz del editor del periódico escolar irrumpió con el silencio impoluto.

Louis, aún concentrado contestó:

—Algo, pero termino enseguida. ¿Necesitas algo, Liam?

Ambos hablaban en murmullos, el ambiente oscuro y silencioso les empujaba a mantener esa actitud calma.

—Sí, tenemos un encargo ¿Vienes al departamento cuando termines?

Louis despegó la mirada por solo un segundo para poder ver su rostro y con ello intentar adelantarse y determinar la seriedad del asunto.

No consiguió ninguna información que le sirviera en sus gestos.

—Sí, claro. Dame cinco.

Sacudió las fotografías con suavidad en el líquido, volteándolas con sumo cuidado.

Liam asintió y lo dejó nuevamente en soledad.

Louis siempre ayudaba al departamento del periódico escolar a tomar fotografías, lo hacía por gusto, pero muchas veces recibía algún tipo de recompensa por sus trabajos. Ganaba contactos que podrían ayudar a impulsar su carrera más adelante y ganaba experiencia y fotos para su portfolio. Además tenía varios amigos en el departamento, así que era algo que a fin de cuentas disfrutaba bastante.

Pasó la última foto a la bandeja de lavado y dejó salir un suspiro que denotaba que su trabajo ya había finalizado. El agua se ocuparía de eliminar cualquier rastro de producto que les quedara en un par de horas.

Se quitó los guantes descartables y los tiró a la basura. Estiró su espalda con los brazos hacia arriba y se quedó un segundo apreciando las fotografías ya terminadas.

Habían quedado perfectas, estaba seguro de que tendría una muy buena nota en la entrega.

Cuando abrió la puerta que lo separaba del pasillo fue bienvenido por la luz del exterior, haciéndole achinar levemente sus ojos. Siempre quedaba un poco enceguecido tras estar unos minutos allí dentro.

Los pasillos de la institución estaban repletos de gente conversando, se oían risas y gritos hacia todas las direcciones. Louis no era un gran amante de ese aspecto de la escuela.

Caminó hacia el departamento del periódico y Liam lo recibió con un café caliente. Aquel espacio estaba lleno de papeles por todos lados, había algunos escritorios vacíos y dos chicos trabajando en sus computadoras probablemente sobre algún artículo.

La luz del sol entraba por el gran ventanal y el aroma de la tinta y el papel era acogedor.

—¿Qué tal esas fotos? —preguntó Liam, entregándole un sobre de azúcar y una cuchara.

Louis lo tomó y lo puso en su café, para luego revolver.

—Quedaron muy bien. Las lentes que me dio Annie son increíbles, te agradezco.

—Me alegro, ya sabes que puedes usar nuestro equipo todo lo que quieras, no hay problema con eso —dijo, apoyándose en la parte delantera de su escritorio—. Escucha, el encargo del que te hablé es importante, tenemos que entregarlo antes del lunes.

—¿Antes del lunes? —cuestionó confundido—. ¿O sea que solo tengo dos días para prepararlo? Sabes que tengo que terminar mis propias entregas.

Liam frunció sus labios, sabiendo que estaba pidiendo algo complicado.

—Oye, lo sé, es una putada, pero me lo pidieron directamente desde la dirección —explicó, sorbiendo de su propio café—. Quieren hacer una especie de campaña de concientización sobre las preocupaciones de los estudiantes en la institución. Van a empezar con la presión de ser el capitán de un equipo deportivo.

Louis le miró con disgusto.

—Pudiendo elegir tantos problemas que el alumnado sufre de verdad ¿eligen lo que siente un pobre capitán? —preguntó con sorna—. ¿Por qué no me sorprende?

Liam emitió un quejido exagerado.

—Oye, no seas así —pidió, intentando calmar las aguas—. La presión de nunca poder fallar es un problema real.

—Sí, claro que sí —contestó seguro—. También lo es sufrir bullying o la ansiedad de tener que cumplir con todas las entregas en tiempo y forma que, si me permites decir, tiene mucho más que ver con el aspecto educativo de la institución.

Liam le miró y levantó sus brazos con cansancio.

—¿Qué quieres que te diga, Lou? Yo estoy de tu lado, pero nos pidieron que hagamos esto, así que simplemente lo hacemos.

Era un buen punto, Louis sabía que tenía razón y que Liam más que nadie entendía a lo que se refería, pero simplemente le parecía algo tremendamente injusto.

Bufó y se dejó caer en la silla delante de él.

—Lo entiendo, pero es molesto —contestó, tumbado en su asiento, sus facciones suavizándose—. Dime, ¿Qué debo hacer?

Liam suspiró y rebotó sus dedos en el filo del escritorio.

—Esta va a ser tu parte favorita —murmuró, como para él mismo—. Debes tomarle unas cinco fotografías a Harry Styles.

Se quedó estático y le miró seriamente, no le gustaban esa clase de chistes.

—No me parece gracioso, Liam —replicó luego de unos segundos procesando sus palabras.

—No estoy bromeando —explicó, manteniendo su semblante serio—. La dirección quiere fotos de él. Hablé con él y me dijo que solo aceptaría si eres tú quien las toma.

Definitivamente no eran las palabras que quería escuchar, de repente se sentía como si el aire se hubiera vuelto más denso de respirar.

¿Por qué solo lo aceptaría a él?

Apretó la taza de café entre sus dos manos, dejando sus dedos blancos.

—Liam, no puedo ayudarte con esto —Se levantó y dejó apoyada la taza sobre el escritorio—. Lo siento, pero no lo haré, no me prestaré para ser el hazmerreír. Tengo cosas más importantes que hacer.

Liam posó una de sus manos sobre el hombro de Louis, impidiendo que se alejara.

—Louis, darán un incentivo monetario, podremos comprar más equipos y seguir mejorando la calidad de nuestros trabajos. —Liam intentaba llegar a su mirada, pero Louis rehuía de ella—. Serán solo cinco fotos. No, —se corrigió rápidamente—, con dos tendrá que bastar.

Louis se mordió los labios, sabiendo que tenía un compromiso con Liam, él siempre le había ayudado en muchísimas cosas y nunca pedía nada a cambio.

Pero realmente era una situación que le superaba.

No quería que su arte fuera motivo de burla nunca más en su vida. No su arte, que lo era todo para él.

—Por favor, Lou. Es algo importante, sabes que no te lo pediría si no fuera así —insistió, suavizando su mirada y su voz—. Tú eres muy bueno en lo que haces, tómale unas fotos sencillas, sin mucha producción. No te tomará mucho tiempo, serán apenas unos minutos.

Louis bajó su mirada, rendido.

El peso de la responsabilidad cayendo sobre sus hombros.

—Déjame pensarlo un segundo —respondió dubitativo, dejando salir un largo suspiro—. En verdad no tengo nada de ganas. Ni un poquito.

Liam suspiró, más relajado.

Louis tomó nuevamente su café y apoyó una de sus manos en el respaldo de la silla, aún de pie.

—Lo sé —admitió consternado—, no me gusta ponerte en esta posición, pero no tengo otra opción.

Louis asintió tomando un sorbo mientras fijaba su mirada en la cortina de la ventana que flameaba por el viento que entraba a través de ella.

El sonido de las teclas siendo presionadas con velocidad por sus compañeros llenaba el silencio, mientras reflexionaba sobre la situación.

Harry era un tema delicado para Louis. No era solo el capitán del equipo de soccer, sino también, si le preguntabas al Louis de dos años atrás, era el chico más hermoso de toda la escuela.

Normalmente a sus ojos era un chico soberbio, egocéntrico e incluso podía llegar a ser cruel, pero cuando no estaba fingiendo, cuando era puro y auténtico, era único.

Sus gestos eran exagerados y ridículos, pero tiernos. Su sonrisa sincera, aquella que emergía en momentos aleatorios, era encantadora, adornada por dos hoyuelos preciosos a cada lado de sus labios.

A pesar de su físico definido tenía un rostro casi angelical y sus rizos solo eran la cereza del pastel.

Esa belleza casi inhumana embelesó a Louis a tal punto de querer capturarlo con su cámara. Para él, las mejores fotos son aquellas que se toman por casualidad, en momentos especiales; aquellas que captan un gesto casi imperceptible, uno que habla por nuestros propios corazones.

Y así lo hizo, dos años atrás. En una tarde de invierno decidió tomarle una foto a Harry mientras conversaba con sus amigos y una carcajada auténtica se deslizaba entre sus labios.

Y tras esa foto llegaron algunas más.

Harry mordiendo su lápiz distraído, leyendo relajado en el parque, escribiendo concentrado en su cuaderno.

Simplemente no podía evitarlo, era perfecto para ser fotografiado, su cámara era atraída por su acendrada belleza.

Hasta que un día, por haber olvidado las fotos en el cuarto de revelado, alguien se las mostró a Harry.

Al verlas, Harry lo tomó por un acosador y se burló de él con sus amigos, burla que más tarde se extendió hacia toda la escuela.

Todo el mundo lo trataba como un rarito que tenía una obsesión con Harry cuando él solo quería capturar la belleza oculta que yacía en él. No había hecho nada malo, y aún así, toda la escuela se encargaba de recordarle cada día el error que había cometido.

No quería volver a revivir ese recuerdo, en verdad que no, pero el departamento del periódico había sido siempre muy amable con él, ignorando todos los rumores. Le habían proveído materiales, cursos e incluso un lugar como fotógrafo del periódico.

Era consciente de que Liam tenía razón, era una sesión de fotos que duraría unos pocos minutos, pero iban a ser minutos malditamente eternos.

También sabía que la ayuda monetaria vendría muy bien para el departamento, la mayoría de los fondos de la escuela iban hacia el sector deportivo.

Sería egoísta no tomar el encargo, tras todas las herramientas que le habían proveído con el tiempo.

Cada foto era una forma de devolver todo lo que habían hecho por él.

Suspiró agotado y pasó su mano por su rostro con molestia.

El movimiento hizo que la mirada de Liam se desviara a su rostro y ambos se observaron en silencio por apenas un segundo, Louis terminando de decidir en su cabeza.

—Me vas a deber una muy grande —comentó luego de largos segundos en completo silencio.

Liam sonrió, asintiendo con su cabeza. La preocupación abandonando su rostro.

—Gracias, Lou —contestó en apenas un murmullo apenado—. Eres el mejor.

No se quedó mucho más tiempo en esa oficina. Liam le mostró el artículo y le explicó el enfoque que le pidieron que adoptara para las fotografías.

No querían al gran Harry Styles, siendo implacable como siempre. Querían un lado más humano, mostrando que detrás de un gran líder hay una persona que siente y sufre como todo el resto.

A Louis le parecía una tontería la temática, pero no lo pensó mucho cuando sus pies decididos lo llevaron a la cancha de soccer.

Tuvo que atravesar estrechos pasillos llenos de deportistas semi-desnudos que paseaban entre los vestuarios, extrañados ante la presencia del castaño allí. Atraía todas las curiosas miradas.

El aroma del sudor y hombría era apabullante y el vapor que expedían las duchas no ayudaba a dejar de sentirse asfixiado.

Además, por más que intentaba ignorarlo, estaba lleno de rostros que reconocía por burlas hacia él.

Cuando logró salir de ese pasillo del terror y sintió el aire fresco fluir por su nariz, agradeció el hecho de nunca haberse unido a un equipo de deportes.

Sus pies se hundían en el césped de la cancha mientras se acercaba a los deportistas.

Todo el equipo de soccer estaba descansando en algunas de las bancas, estaban desperdigados por toda la cancha.

Harry estaba sentado en el piso charlando con sus amigos. Ninguno tenía puesta su camiseta, algunas estaban tiradas por el piso y otros la tenían atadas a la cadera. Harry por su parte, la tenía reposando en su hombro.

El entrenador estaba sentado en su silla mirando su teléfono, así que comprendió rápidamente que estaban en un momento de descanso.

Louis se acercó con pasos veloces, quería pasar el menor tiempo posible en ese lugar. Mientras más se acercaba, más podía sentir la mirada de todo el equipo sobre él.

Cuando sus ojos conectaron con los de Harry, al capitán se le dibujó una expresión de sorpresa en el rostro, a la vez que su sonrisa se ensanchaba en un gesto que Louis recibió como una burla.

Lo vio ponerse de pie para acercarse hacia él, dejando por detrás a sus compañeros, quienes los observaban atentamente.

—Qué sorpresa verte por aquí, fotógrafo —saludó, extendiendo sus brazos—. ¿Puedo ayudarte en algo?

Harry, con pasos lentos se acerco hasta estar frente a él.

Louis quiso temblar de disgusto ante su expresión soberbia, no podía creer que estaba haciendo esto.

—Te veo mañana a las cinco en el parque de atrás del campus —escupió con una mirada tajante—. Sé puntual, no me gusta esperar.

Sus palabras sonaban mucho más fuertes de lo que él se sentía en ese momento.

—Me alegro que estés bien, gracias por preguntar —respondió con sorna y continuó con el mismo tono sobrador— Sin embargo, me temo que no puedo mañana a esa hora, tengo práctica. Puedo antes de las tres o después de las ocho.

Louis rodó sus ojos con fastidio.

—Solo puedo a esa hora y hay que entregar el artículo antes del lunes, así que solo puede ser mañana —explicó intentando evitar mirar a su alrededor para no sentirse aún más nervioso—. Si no puedes en ese horario le diré a alguno de mis compañeros que haga la sesión por mí.

Cualquier excusa era válida si servía para evitarlo.

Incluso una mentira.

—Solo aceptaré la sesión si la haces tú.

Uno de los chicos silbó con burla, Harry le sonrió, pero le hizo un gesto con su mano para que se detuviera.

Louis se esforzaba de forma inhumana en ignorar toda el ambiente hostil.

—¿Por qué yo? —Hizo la pregunta que estaba rondando en su cabeza hace minutos—. ¿Tantas ganas tienes de molestarme? ¿Por qué no maduras de una vez, Styles?

Los ojos de Harry se fijaron por algunos segundos en su ceño fruncido, pensando su respuesta.

—Porque eres talentoso —admitió cruzando sus brazos—. Si me voy a dejar que me tomen unas fotos, al menos que queden bien.

Louis rio por su nariz, incrédulo.

—Todos mis compañeros son talentosos.

—No como tú —respondió con velocidad, su tono de voz más suave, la sonrisa aún presente en su rostro—. ¿Realmente solo puedes a las cinco?

Louis le miró intentando percibir sus pensamientos.

No, no era verdad.

—Sí.

Harry frunció sus labios, tamborileando sus dedos en su cadera.

—De acuerdo, estaré ahí.

Louis alzó una de sus cejas cuestionador, pero asintió.

Iba a voltear y retirarse, pero la molesta voz de Harry interrumpió su caminata.

—¡Espera! ¿Dónde queda ese parque?

Louis le miró extrañado.

—Detrás del campus —dijo con un tono de obviedad, pero Harry aún le veía confundido sin saber a dónde ser refería, Louis bufó—. ¿Sabes dónde queda la pista de skate? —Harry asintió y Louis prosiguió—. Bueno, solo... espérame ahí. Está cerca.

—De acuerdo —Harry se mantuvo en silencio, esperando más indicaciones.

—Ven vestido casual —pidió, haciendo una mueca con su mano señalando su vestimenta—. Nada de deportivo.

—Entendido. Tenemos un trato entonces. —Harry extendió su mano esperando que Louis la tomase, pero ese momento nunca llegó.

Louis volteó, volviendo por donde vino a paso apresurado, temiendo que tendría que volver a pasar por esos pasillos llenos de adolescentes estúpidos.

—Qué humor que maneja —se burló uno de los amigos de Harry.

Harry sonrió, frunciendo sus labios tras un largo suspiro, observando su silueta alejarse.

—Hey, no le molestes —le retó con tono amigable—. Ya bastante tiene.